Por Julia Ruhnau (dpa)

Los miles de millones de fotos almacenadas en discos duros y nubes de este mundo se pueden disfrutar con la vista, editar, pero nunca tocar. Aquellos que dispongan en su colección de fotos realmente buenas, quizá quieran sostenerlas en la mano en lugar de tenerlas guardadas en el ordenador.

En el pasado, estas se habrían revelado en un cuarto oscuro. En la actualidad, este ya no se necesita. Lo que sí se requiere es contar con conocimientos detallados sobre el tema.

La pregunta del millón: ¿laboratorio fotográfico o impresión en casa? “Si solo se necesitan fotos en papel de vez en cuando, probablemente convenga recurrir a un proveedor de servicios”, asevera Wolfgang Elster, fotógrafo y miembro de la Asociación Alemana de Fotografía (DVF).

A los fotógrafos aficionados, esto les sale más barato que comprar una impresora, papel y tinta para luego utilizarlos en contadas ocasiones. Los largos periodos de inactividad también pueden provocar problemas en las impresoras de inyección de tinta.

Hay muchos proveedores de impresiones de alta calidad. Por supuesto que siempre hay grandes nombres, pero los pequeños laboratorios también son una opción absolutamente viable. La gama de ofertas es enorme. Los formatos de impresión, la calidad del papel y el método determinan el precio y el plazo de entrega.

Además de las impresiones Fine Art, para las que se utiliza papel de alta gama y tecnología de inyección de tinta, también es posible realizar copias. En este caso, la imagen se imprime en papel fotográfico mediante exposición láser y revelado químico.

Algunas fotos quedan mejor impresas en papel especial, otras lucen más expuestas en papel fotográfico grueso. En el caso de querer exponer las fotos, también hay que cumplir los requisitos de la galería en cuestión.

“Muchos exigen calidad de museo”, advierte Rolf Walther, fotógrafo y diseñador de fotografías. Las fotos tienen que ser inmortalizadas en un papel libre de ácido que sea especialmente duradero. De este modo, la calidad de las imágenes permanece inalterable durante más de cien años.

La alternativa al trabajo de impresión en laboratorio es hacer las copias uno mismo en casa. “Recomiendo a todos los usuarios que tarde o temprano se hagan con su propia impresora”, aconseja Walther, y argumenta que esto también ayuda a los fotógrafos aficionados a desarrollar sus habilidades. Para conseguir las mejores imágenes posibles, hay que dedicar mucho tiempo a los efectos.

La compra de una impresora también merece la pena en términos de precio, especialmente para aquellos fotógrafos que exponen o necesitan grandes cantidades. “Por una impresión Fine Art en papel artístico de 40 por 60 centímetros, las tiendas especializadas cobran hasta 30 euros (aproximadamente 35 dólares) más gastos de envío. Quienes imprimen en casa, obtienen lo mismo por un tercio del precio, y además determinan ellos mismos los detalles de la impresión”, señala el fotógrafo Wolfgang Elster.

Sin embargo, para ello se necesita un poco de práctica. “La gestión del color es un tema fundamental”, advierte Walther. En la impresora misma hay perfiles de color almacenados que ayudan a obtener un buen resultado. Con programas de edición de imágenes al estilo de Photoshop, estos perfiles se pueden crear o editar. Esto es esencial para impresiones con colores genuinos.

Para que la impresión reproduzca lo que se ve digitalmente, el monitor también debe estar calibrado con el aparato de medición correspondiente. “Aquellos que ya tienen experiencia, pueden combinar los perfiles de color ellos mismos”, asevera. Esto es similar a trabajar en un cuarto oscuro y tiene sentido especialmente para las impresiones en blanco y negro.

En el mercado hay buenas impresoras de inyección de tinta; para el formato A2 o superior, hay que gastar un poco más de dinero. Además, hay que tener en cuenta los costes de papel y tinta. “Hay infinidad de tipos de papel, pero las diferencias no son tan grandes”, señala Walther. Lo que más cuesta es la tinta.

Para adquirir los conocimientos necesarios, Elster aconseja realizar talleres o seminarios web, algunos de los cuales son ofrecidos gratuitamente por los fabricantes.

Una vez aprendida la técnica, el fotógrafo aficionado podrá hacer despliegue de su libertad artística, ya sea para exposiciones, murales para la propia casa, concursos o para regalar.