Por Anne Pollmann (dpa)

El pez globo lleva años extendiéndose en el mar Mediterráneo y, pese a los esfuerzos de captura debido a su voracidad y toxicidad, se está multiplicando muy rápidamente.

Ahora, el Gobierno turco quiere enfrentar decididamente a este pez de la especie Lagocephalus sceleratis, cuyo consumo puede causar intoxicaciones graves e incluso la muerte.

Uno de los pescadores afectados por el pez tóxico es Cengiz Balta. Lleva 35 años pescando en la costa mediterránea turca del Golfo de Antalya, al igual que su padre y su abuelo. Es el jefe de una cooperativa de pescadores en Antalya, integrada por unos unos cien miembros.

Desde hace algunos años, él y sus colegas sacan cada vez más peces globo del mar.

Es domingo por la mañana, Balta y otros pescadores se encuentran en el puerto reparando redes. En el muelle hay cinco peces globo del tamaño de una mano. El sol los ha secado y endurecido. “Ni siquiera las gaviotas se los comen”, dice el hombre mientras arroja los peces muertos al agua.

Alrededor de cien peces globo terminan a diario en las redes de los pescadores de la cooperativa. En Antalya, en general, se capturan hasta mil por día. “Pero no llenan ni la billetera ni el estómago”, resume Balta la situación.

El problema es que pez globo es venenoso y la tetrodotoxina que lleva en su hígado puede paralizar los músculos y llegar a ser mortal. Por eso no se comercializa y no acaba en ningún plato en Turquía.

Por otro lado, el menú del pez globo parece la carta de un restaurante de mariscos: se alimenta de calamares, cangrejos, gambas, pulpo. Y ni siquiera tiene que salir a buscar estas exquisiteces, ya que se sirve directamente de las capturas en las redes de pesca, que por lo general quedan también destruidas.

Para los pescadores esto representa enormes pérdidas. “Cada pescador pierde unos 450 euros (530 dólares) al año”, destaca Ekin Akoglu, biólogo marino de la Universidad Odtü de Ankara. Agrega que es una pérdida enorme, teniendo en cuenta que el promedio de ingresos mensuales de la pesca artesanal es de aproximadamente 340 euros.

Akoglu explica que aunque el pez globo solo cuenta con cuatro dientes, tiene una mordida muy fuerte, y no es raro encontrar en su estómago anzuelos mordidos. Esta especie es originaria del Mar Rojo y entró en el Mediterráneo a través del Canal de Suez, inaugurado en 1869.

Como apenas tiene depredadores en el Mediterráneo ha podido extenderse sin ser molestado. El calentamiento global y el aumento de la temperatura en el Mediterráneo también han facilitado la propagación de este pez, que no solo es una molestia para los pescadores, sino que también destruye el ecosistema del mar debido a la abundancia de ejemplares. Los pescadores matan directamente los peces globo capturados y los devuelven al mar.

El pez globo puede medir más de un metro y pesar hasta siete kilos. Sin embargo, los ejemplares que capturan Balta y sus colegas suelen medir entre 30 y 40 centímetros. Un pescador de la cooperativa hace referencia a su récord personal: hace unos tres años pescó un pez globo de nueve kilos.

El pez globo hincha de agua su estómago cuando se siente amenazado. De este modo no solo parece más grande sino que tampoco entra en la boca de los posibles enemigos.

Mediante un decreto presidencial, el Gobierno turco ha declarado la guerra al pez globo. Pagará cinco liras (unos 58 centavos de dólar) por cada ejemplar de pez globo de la especie Lagocephalus sceleratus que los pescadores entreguen en los puntos designados, y media lira por otras especies de peces globo que son menos comunes. Previamente ya se implementaron medidas similares, pero por un tiempo limitado y no para todas las especies de estos peces tóxicos.

El pez también puede ser peligroso para los humanos, como quedó demostrado en 2109 cuando una niña de nueve años de la provincia meridional de Mersin perdió parte de un dedo tras ser mordida por un ejemplar de esta especie.

“El pez no es agresivo en sí, sino que es un animal salvaje que se defiende cuando se siente atacado”, detalla Akoglu. Sobre todo los peces más jóvenes prefieren permanecer en fondos arenosos y, por lo tanto, a menudo también se los encuentra en playas frecuentadas.

Akoglu no cree que el pez globo amenace el turismo en Turquía. Sin embargo, incidentes como el de 2019 podrían ser más frecuentes si esta especie se sigue extendiendo. Cuanto más cerca del Canal de Suez, más densa es la población. “Así que no es solo un problema para los pescadores turcos, es un problema para muchos países del Mediterráneo”, advierte el biólogo marino.

Balta y los demás pescadores creen que, por ahora, la medida del Gobierno turco tiene sentido y que la suma de dinero también es apropiada.

Por otra parte, el pescador dice que tiene varias ideas sobre lo que se podría hacer con el pescado. “Seguro que se pueden hacer cuchillos con los dientes o utilizar el veneno para producir medicinas. Pero también hay emprendimientos que fabrican bolsas con la piel del pescado”, comenta. Por último, resalta que ha ideado un sistema de captura especial para el pez globo.