MADRID, 25 (SERVIMEDIA)

Las personas adultas que realizan entre 300 y 600 minutos a la semana de ejercicio físico moderado -es decir, entre cinco y diez horas- tienen entre un 26% y un 31% menos riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular que quienes no practican tal actividad.

Además, el riesgo de muerte baja entre un 21% y un 23% con 150 a 300 minutos de ejercicio físico vigoroso a la semana, es decir, entre 2,5 y cinco horas semanales.

Esta conclusión se desprende de un estudio realizado por nueve investigadores pertenecientes a instituciones de Brasil, Chile, Corea del Sur, España, Estados Unidos, y publicado este lunes en la revista ‘Circulation’, de la Asociación Estadounidense del Corazón. Entre sus autores está Juan Pablo Rey-López, de las universidades de Valencia y Católica de Murcia.

El estudio se basa en el análisis de más de 100.000 participantes de Estados Unidos durante un periodo de seguimiento de tres décadas (de 1988 a 2018).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó en noviembre de 2020 sus recomendaciones sobre la actividad física en el mundo. Desde entonces, aconseja a los adultos que dediquen entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada a vigorosa cada semana, incluidos quienes tienen alguna enfermedad crónica o discapacidad, y a los niños y a los adolescentes que lo hagan una media de 60 minutos al día.

La actividad física regular se asocia con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte prematura. «El impacto potencial de la actividad física en la salud es grande, pero aún no está claro si realizar altos niveles de actividad física prolongada, vigorosa o de intensidad moderada por encima de los niveles recomendados proporciona beneficios adicionales o efectos nocivos en la salud cardiovascular», apunta Dong Hoon Lee, investigador asociado en la Escuela de Salud Pública TH Chan de la Universidad de Harvard (Estados Unidos).

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Este investigador añade que el estudio «aprovechó medidas repetidas de actividad física autoinformada durante décadas para examinar la asociación entre la actividad física a largo plazo durante la edad adulta media y tardía, y la mortalidad».

MÉTODO DE ESTUDIO

Los investigadores analizaron los datos de mortalidad y los registros médicos de 116.221 adultos recopilados a partir de dos grandes estudios prospectivos: uno de salud de enfermeras exclusivamente femenino y otro de seguimiento de profesionales de la salud exclusivamente masculino, de 1988 a 2018.

Los participantes cuyos datos fueron examinados eran 63% mujeres y más del 96% eran adultos blancos. La edad promedio se situó en 66 años y el índice de masa corporal (IMC) promedio era de 26 kilogramos por metro cuadrado durante el periodo de seguimiento de 30 años.

Los participantes informaron de su actividad física en el tiempo libre completando un cuestionario cada dos años. Los cuestionarios están disponibles públicamente, se actualizaban y ampliaban cada dos años, e incluían preguntas sobre información de salud, enfermedades diagnosticadas por médicos, antecedentes médicos familiares y hábitos personales como consumo de cigarrillos y alcohol y frecuencia de ejercicio.

Los datos de ejercicio se informaron como el tiempo promedio dedicado por semana a varias actividades físicas durante el último año. La actividad moderada se definió como caminar, ejercicio de baja intensidad, levantamiento de pesas y calistenia (esto es, ejercicio basado en el peso corporal). La actividad vigorosa incluía trotar, correr, nadar, andar en bicicleta y otros ejercicios aeróbicos.

RESULTADOS

El estudio apunta que cumplir con las pautas de actividad física vigorosa reduce un 31% el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y un 15% por mortalidad no cardiovascular, así como un 19% de muerte por todas las causas.

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Cumplir las recomendaciones de actividad física moderada reduce entre un 22% y un 25% el riesgo de mortalidad cardiovascular, un 19% y un 20% de mortalidad no cardiovascular y entre un 20% y un 21% de muerte por todas las causas.

Dedicar entre 150 y 300 minutos semanales a ejercicio físico vigoroso rebaja entre un 27% y un 33% el riesgo de mortalidad cardiovascular, un 19% el de muerte no cardiovascular y entre un 21% y un 23% el de mortalidad por todas las causas.

Y quienes dedican entre 300 y 600 minutos a la semana a actividad física moderada reduce entre un 28% y un 38% el riesgo de mortalidad cardiovascular, de un 25% a un 27% el de mortalidad no cardiovascular y de un 26% a un 31% el de muerte por todas las causas.