Según las últimas cifras conocidas, las familias españolas son capaces de gastarse, a final de año, más de 1700 millones de euros en clases de refuerzo para estudiantes de todos los niveles. Una cifra que pone en relieve que, aunque algo está fallando en el sistema educativo para que se necesite ayuda extra para llegar a los mínimos, es un sector en auge que habla de las ganas de sacar adelante las materias de los propios estudiantes.

Quien decide buscar clases de apoyo se aprovecha de los modelos más habituales: profesores particulares o bien a través de academias o plataformas que prestan servicio, habitualmente, en grupos.

¿Cuáles son las ventajas de cada una?

En el caso de optar por un profesor de refuerzo particular, se adapta totalmente no solo al nivel sino a las dificultades concretas del alumno, yendo al ritmo que necesita y pudiendo prestar especial atención a sus problemas en el aprendizaje. Aunque es más caro, si es posible, suele ser la opción preferida porque además se hace a domicilio.

En el caso de las academias, son espacios en el que se comparte profesor con otros alumnos que, además, no siempre vienen de los mismos centros, por lo que el aprendizaje, pese a que es a la carta en cierta medida, se adapta al grupo. Es una opción interesante cuando se plantea como grupo de apoyo y entre todos buscan soluciones.

Lo que está claro es que la nueva generación no aprende como antes, es necesario adaptar también esos procesos cognitivos a los vehículos a los que están acostumbrados.

Los recursos interactivos son herramientas educativas que permiten a los estudiantes participar activamente en el proceso de aprendizaje. Estos recursos pueden adoptar muchas formas, incluidos juegos, cuestionarios, simulaciones y vídeos. En las clases de refuerzo, se pueden utilizar recursos interactivos para ayudar a los estudiantes a repasar y practicar conceptos clave.

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Cuando los estudiantes participan activamente en el proceso de aprendizaje, es más probable que retengan información y la apliquen en nuevos contextos.

Gracias a la tecnología, trabajan en entornos que conocen, de forma incluso lúdica en ciertos niveles, y eso garantiza poder tener una atención más conocida para ellos.

“No podemos esperar que los niños de hoy, acostumbrados a los impactos y a la velocidad y atención corta, se sienten horas y horas como se hacía hace décadas. Es necesario revisar el modelo y plantear aprendizajes que se adapten a sus medios y a sus fórmulas de éxito” explican desde Centro de estudios Villamuriel.