En el siglo III a.C. la presencia cartaginesa en la Península Ibérica estaba en su máximo apogeo. Por entonces, la llegada de los romanos inició una serie de roces entre ambas potencias que, poco después, dieron lugar a la firma de un pacto por el que la península se dividía en dos áreas de influencia. Posteriormente, las denominadas 'guerras púnicas' consolidarían el dominio romano sobre Hispania, que se convirtió formalmente en provincia del Imperio hacia el año 209 a.C. Los romanos modernizaron el territorio y crearon importantes vías de comunicación, entre las que destaca la calzada que unía la actual Mérida con Astorga. Hoy, esa calzada se conoce como la Vía de la Plata; pero, desde mucho antes de los romanos -ya en tiempos de los tartesos-, el comercio la utilizaba para sus intercambios.
Probablemente, la Vía de la Plata es la carretera en servicio con mayor antigüedad en España. Los romanos la utilizaban para transportar el oro de las Médulas, el carbón de Asturias y de León y los metales de sus explotaciones mineras, pero mucho antes ya era transitada por los tartesos e, incluso, el general cartaginés Aníbal la recorrió en sus expediciones contra la Meseta.
La calzada romana que unía Mérida y Astorga no tardó en prolongarse por ambos extremos, dada su importancia para el comercio. Así, por el Sur extendió sus límites hasta Sevilla y por el Norte llegó hasta Gijón. De esta manera, la actual Vía de la Plata enlaza poblaciones de cuatro comunidades autónomas: Andalucía, Extremadura, Castilla y León y Asturias. Vertebradora del territorio como pocas, hoy su importancia sigue siendo grande.
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La Vía de la Plata atraviesa Castilla y León desde Salamanca hasta León, pasando por Zamora. En total, 359 kilómetros. La carretera nace en Sevilla y pasa por El Ronquillo -en la misma provincia-, Monesterio, Fuente de Cantos, Zafra y Los Santos de Maimona -en Badajoz-, Almendralejo y Mérida. Desde esta originaria ciudad de su nacimiento, la Vía de la Plata recorre por tierras cacereñas las localidades de El Carrascalejo, Cáceres, Plasencia, Aldeanueva del Camino y Baños de Montemayor, antes de entrar en Salamanca por Puerto de Béjar. Hasta aquí, los viajeros de esta ruta habrán podido admirar la Giralda y la Torre del Oro, en Sevilla; el convento del Carmen en Fuente de Cantos, del siglo XVII y con un extraordinario grupo escultórico de la Piedad; la iglesia gótica de Santa María de la Candelaria en Zafra, donde se conservan diez tablas pintadas por Zurbarán; el teatro, el anfiteatro y el circo romanos de Mérida; el Barrio Antiguo de Cáceres, con sus murallas almohades; la catedral de Plasencia, del siglo XII y con un fabuloso retablo de Gregorio Hernández, y la iglesia de Santa María de la Asunción, en Baños de Montemayor, del siglo XVI y con un hermoso retablo mayor de estilo plateresco.
La Vía de la Plata en Castilla y León
Puerto de Béjar, en la provincia de Salamanca, es la primera localidad castellana que atraviesa la Vía de la Plata. Enclavado en un entorno natural con unas magníficas vistas panorámicas, este pueblo salmantino se encuentra cerca de Montemayor del Río, donde se pueden admirar las murallas, el castillo y la iglesia del siglo XIII. Cerca también se encuentra Béjar -primera población importante de la Vía de la Plata en Castilla y León-, cuya Plaza Mayor ofrece un monumental conjunto de casas blasonadas de los siglos XVII y XVIII, y el Ayuntamiento, del siglo XVI. Además, el palacio de los Duques de Béjar, del siglo XVI, tiene dos magníficos torreones y está adornado con grandes escudos. Del mismo siglo es el Jardín del Bosque, renacentista y con paseos ajardinados y fuentes.
La sierra de Béjar es típica por las construcciones tradicionales de sus pueblos. Es el caso de Candelario, cuyas casas de piedra y madera ofrecen el aspecto característico de las construcciones de antaño.
Tras pasar por Guijuelo -localidad famosa por sus embutidos; en especial, el jamón ibérico-, la Vía de la Plata llega hasta Salamanca. La capital de la provincia estuvo poblada ya en el Paleolítico y en tiempos romanos fue un castro. Sin embargo, su época de mayor esplendor fue el siglo XIII. Entonces, la Universidad de Salamanca era una de las cuatro mejores de Europa. Su fachada plateresca es una joya de la arquitectura que no hay que dejar de admirar. Además, en la capital salmantina se debe ver la Plaza Mayor, probablemente la más hermosa plaza barroca de España, del siglo XVIII. También aquí se encuentra la 'Casa de las Conchas', quizá la más famosa de la ciudad, de fachada plateresca y que debe su sobrenombre a las 400 conchas jacobeas que cubren sus muros.
Tras abandonar Salamanca, la Vía de la Plata conduce hasta Villanueva de Cañedo, donde se encuentra el castillo del Buen Amor -de los siglos XIV y XV-, ejemplo de fortaleza renacentista a donde, según la tradición, acudieron a esconder sus amores el arzobispo Fonseca y doña María de Ulloa.
A orillas del Duero
Poco después se abandona la provincia de Salamanca para adentrarse en la de Zamora. Por aquí pasa el río Duero, en cuya orilla derecha se levanta la Ocellum Durii de los romanos, bautizada después por los árabes como Samurah, de donde procede el actual nombre de Zamora. La capital tiene la catedral de la Transfiguración, del siglo XII, con una puerta que figura entre las obras maestras del románico y un cimborrio cubierto por el exterior con escamas que no deja indiferente al viajero.
Granja de la Moreuela se encuentra a mitad de camino entre Zamora y Benavente, última localidad de la provincia en la Vía de la Plata. Benavente, destruida por Almanzor durante la ocupación musulmana, tiene un rico patrimonio histórico-artístico entre el que destacan la iglesia de Santa María del Azogue, del siglo XII y en la que se podían refugiar antiguamente los perseguidos por la Justicia; la iglesia de San Juan del mercado, del siglo XIII y que fue monasterio de la Orden del Temple y más tarde, de la Orden de San Juan, y la Torre del Caracol, único resto que queda de lo que fue uno de los más grandes castillos de España.
A partir de aquí, la Vía de la Plata se adentra en tierras leonesas. En Astorga -Asturica Augusta- finalizaba el recorrido original de la calzada romana. Hoy, termina en Gijón. Pero en la provincia de León comparte algunos tramos con el Camino de Santiago. La primera localidad importante a la que llega esta ruta es La Bañeza, donde se conservan algunos monumentos de interés como la iglesia de San Salvador -con un ábside románico e imaginería diversa en el interior- y la de Santa María -con retablo barroco y un grupo escultórico de la Piedad realizado por Gregorio Fernández-.
Desde La Bañeza, la Vía de la Plata llega hasta Astorga. El origen de la ciudad se sitúa en el año 13 d.C. con el nombre de Asturica Augusta. Por entonces, el Ejército romano construyó un recinto fortificado que en el siglo IX fue aprovechado por la población para protegerse entre sus muros. Hoy, la ciudad ha crecido más allá de sus murallas -romanas en su origen y reconstruidas en el siglo XIII-, ayudada por su condición de ciudad importante en el Camino de Santiago. Aquí confluían los caminos francés y extremeño, por lo que no extraña que Astorga llegara a tener hasta 22 hospitales de peregrinos.
En Astorga se puede visitar la catedral gótica de Santa María, con elementos renacentistas y barrocos y un magnífico retablo mayor del siglo XVI. El Palacio Episcopal neogótico de Gaudí es otro de los edificios importantes que no hay que dejar de ver.
Cerca se encuentra Castrillo de los Polvozares, un típico pueblo maragato con un importante conjunto histórico-artístico en su casco urbano.
La prolongación de la Vía de la Plata hasta Asturias permitió a otras localidades beneficiarse de una mejora en las comunicaciones que tuvo efectos en el comercio. Uno de estos municipios es el leonés Hospital de Órbigo, nacido al amparo de la iglesia de San Juan y su hospital de peregrinos, y cuyo Puente del Paso Honroso fue escenario de las justas caballerescas del leonés Suero de Quiñones, quien -en el siglo XV- se enfrentó aquí a medio centenar de caballeros.
La prolongación hasta Asturias
La capital de la provincia -León- no podía quedar fuera de la importante Vía de la Plata. Aquí también la ruta extremeña se funde con el Camino de Santiago; no en vano León fue otro importante punto del recorrido jacobeo. La catedral de Santa María, del siglo XIII y con unas imponentes vidrieras -el rosetón es de las más antiguas que se conservan- al estilo de las grandes catedrales góticas francesas, únicas en España, es parada obligada. También la basílica románica de San Isidoro -de los siglos XI y XII-, que guarda el Panteón Real con unos extraordinarios frescos y capiteles; y el Convento de San Marcos -hoy Parador Nacional de Turismo-, que tuvo su origen en una iglesia y un hospital de peregrinos en el siglo XII.
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Tras abandonar la capital leonesa, Arbas del Puerto es el último municipio de la provincia y de Castilla y León que atraviesa la Vía de la Plata. La fundación de esta localidad se atribuye al rey don Pelayo. En sus alrededores se encuentra la iglesia románica de Santa María, en cuya construcción -según la leyenda- colaboraron un toro y un oso. En la zona se encuentran también las Cuevas de Valporquero, espectaculares por su galerías perforadas por la acción del agua y sus estalactitas, estalagmitas y pequeños lagos.
Es el territorio del Puerto de Pajares, donde empieza el último tramo de la Vía de la Plata. A partir de aquí se traviesa la Cordillera Cantábrica para acabar en la costa, en el puerto de Gijón. Antes, se ha de visitar la señorial Oviedo -con su catedral de los siglos XV y XVI, y sus numerosos ejemplos del prerrománico asturiano- y los paisajes mineros de Mieres y Pola de Lena.
La Vía de la Plata termina a orillas del Cantábrico tras haber atravesado casi toda España de Norte a Sur. Historia, fe y la terrenal economía se dan la mano en ella como demostración palpable de su antigüedad. Hoy, entre Benavente y Oviedo una moderna autovía facilita los desplazamientos, pero las carreteras actuales no permiten disfrutar del encanto de los pueblos que atraviesan. Y en la Vía de la Plata hay muchos donde pasar horas inolvidables.