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Avda. Son Xoriguer, s/n
07769 Ciutadella (Menorca)
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Menorca, la isla grandiosa
Declarada en 1993 Reserva de la Biosfera por la Unesco, guarda verdaderos paraísos

León.- León Digital/Fotos: Visit Menorca

En 1993, la isla de Menorca fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. Una distinción que reconoce la armonía con la que han convivido, a lo largo de los tiempos, los menorquines y su entorno natural.

Platja Mitjana

Menorca es una isla grandiosa, no por su extensión sino por su gran diversidad de paisajes mediterráneos, en los que conviven especies exclusivas de la isla. El paisaje rural está hecho a escala humana; se ha conservado toda la pureza del medio natural al que los menorquines se han sabido adaptar armónicamente. Este compromiso con el entorno ha llevado a sus gentes no sólo a conservarlo sino, incluso, a ensalzar su belleza con sus tradicionales construcciones que se adaptan al medio. Así se ha mantenido un nivel de belleza en estado puro. Una auténtica reserva de belleza, donde descubrir el Parque Natural de la Albufera d'es Grau –un paraíso para las aves migratorias, los peces y los reptiles-, cinco reservas naturales, una reserva marina y diecinueve zonas ANEI (Áreas Naturales de Especial Interés).

En Menorca todo fluye de forma natural, a un ritmo tranquilo del que se han contagiado los habitantes de la isla, que se encuentran en continua exposición a tanta belleza. Un sorprendente paisaje se va incrustando en la retina del visitante, mediante inesperadas sorpresas visuales. Sin tener todavía tiempo de asimilar la belleza de la última playa visitada, aparece otra para recordar que la isla alberga una serie interminable de playas. Las hay para todos los gustos: desde largas playas de suave arena hasta recónditas e insospechadas calas donde bañarse en sus cristalinas aguas. La costa sur está formada por blancos arenales rodeados de verdes pinares y sus aguas son, en gran parte de sus zonas, de un tono turquesa que no deja de deslumbrar. El norte es más agreste por la erosión que provoca el viento de tramontana en las rocas y que configura, por capricho de la naturaleza, un paisaje idílico de playas y calas vírgenes.

La presencia de la posidonia, planta marina endémica del Mediterráneo, en la costa menorquina es la mejor señal de que las playas de la isla gozan de muy buena salud. Los fondos marinos que las albergan son de una gran riqueza ambiental, por la gran variedad de especies marinas y por su composición mineral, que configuran un espectro de colores difíciles de olvidar. La máxima expresión de tanta riqueza marina se concentra en la Reserva Marina de la zona norte, en cuyas espectaculares profundidades se encuentra un espacio medioambiental único.

Pero Menorca no es sólo playas. Su diversidad ambiental es muy amplia. Así, la isla ofrece la posibilidad de encontrar una representación de casi todos los hábitats propios del Mediterráneo. Un tesoro natural que abarca barrancos que nacen en el centro de la isla y siguen un sinuoso trazado en dirección a la costa sur. Estos precipicios son un auténtico espectáculo natural y albergan una variada flora que cuenta con 220 especies que cohabitan con los restos de canteras de marés y con las construcciones de la cultura prehistórica. Especialmente interesantes son las especies marinas que se encuentran en las más de diez cuevas submarinas y que no se encuentran en ningún otro medio. Además de estas grutas en el mar, Menorca ofrece más de cincuenta cuevas terrestres para explorar.

Las charcas, marismas y lagunas se reparten por toda la isla. Entre las zonas húmedas del litoral destacan el Parque Natural de la Albufera d'es Grau –una auténtica joya de la naturaleza donde se han contado hasta unos 8.000 ejemplares de unas cien especies diferentes-, Addaia, Son Saura y Son Bou. A estas zonas húmedas se asocian ocho sistemas dunares: en la costa norte, la albufera d'es Grau, Son Saura, Tirant, Cavalleria, Pregonda, cala Pilar y La Vall; y en la costa sur, Son Bou.

El alto grado de conservación del litoral ofrece la oportunidad de contemplar el medio natural en estado puro. Las singulares características de estos parajes hacen que proliferen las especies endémicas. El paisaje interior de la isla no es menos sorprendente, por el colorido vegetal que regala. Incluso a pie de carretera se puede observar cómo el color de los cardos, las orquídeas y los crisantemos contrasta con el blanco y negro de las vacas. Un espectro de colores que consigue una belleza cromática incomparable.

Dunas y reservas marinas

Los sistemas dunares de Menorca tienen unas características únicas en las Baleares y en gran parte del Mediterráneo occidental, ya que no son transversales, por lo que evolucionan paralelos a la dirección del viento dominante e independientes de la orientación de la línea de la costa. Se pueden encontrar en algunas playas de la costa norte -Es Grau, Arenal de Son Saura, Tirant, Cavallería, Pregonda, Cala Pilar y La Vall- y en la playa de Son Bou, única excepción de dunas transversales, en la zona sur. En algunos casos, las dunas pueden penetrar hasta dos kilómetros hacia el interior de la isla, configurando así un paisaje excepcional. La peculiar orientación de las dunas las convierte en un hábitat idóneo para numerosas especies como las azucenas de mar, el eringio marítimo o la lechetrezna de arena. La zona interna del sistema dunar está ocupada por una vegetación leñosa, a menudo de aspecto arbóreo o arborescente.

Se pueden apreciar árboles como las sabinas, el lentisco y la labiernaga. En verano, se pueden encontrar en las riberas de las playas restos vegetales de color oscuro que pertenecen a la posidonea oceánica, una planta marina endémica del Mediterráneo, que forma extensas praderas en los fondos del mar donde constituyen una selva sumergida y un importante hábitat para las especies marinas que viven en su interior. Los restos de estas plantas no son contaminantes sino todo lo contrario: son el distintivo de calidad que tienen las playas que conservan toda su esencia natural. Su presencia es la mejor garantía de que las playas menorquinas todavía gozan de muy buena salud.

La Reserva Marina del Norte de Menorca es un espacio marítimo de una gran biodiversidad. La Reserva se creó en 1999 con el fin de garantizar la conservación de las especies marinas y el desarrollo sostenible de la zona. La reserva tiene una extensión 5.119 hectáreas marinas, la más grande de las Islas Baleares, comprendidas desde la bahía de Fornells hasta el cabo Gros, incluyendo la Punta de Morter y el islote de Porros, donde sorprende la presencia de las cabras que lo habitan.

La zona está muy conservada y destaca por el elevado interés natural y por la belleza de sus paisajes. Cuenta con una zona de especial protección desde Cala Barril hasta Pta. de Mar. Esta zona, de unos cuarenta metros de profundidad, posee un gran valor biológico para la reproducción y conservación de especies marinas como la langosta o los meros.

En la reserva es habitual encontrarse con la agradable sorpresa de contemplar el nado de los cormoranes, así como de diferentes especies de peces tan singulares como el pez martillo.

Cabe destacar el arrecife barrera de posidonia de Sa Nitja y sus extensas zonas rocosas, donde habitan especies como el coral rojo, los moluscos y diferentes tipos de crustáceos.

Por otra parte, la impresionante bahía de Fornells presenta unas características ecológicas particulares, debido a la importante presencia de comunidades como las fanerógamas marinas, así como de algas con sistemas rizoidales. En estudios recientes se han llegado a contabilizar hasta 628 especies de algas, peces y moluscos, además de 35 comunidades biológicas diferentes.

El Parque Natural de la Albufera d'es Grau es la zona húmeda de mayor interés de Menorca. Se trata de una laguna de aguas libres de 67,7 hectáreas, núcleo de la Reserva de la biosfera, que está separada del mar por una barrera de arena. Sus características hacen que su aspecto paisajístico sea de gran originalidad. Su profundidad, de 1,5 metros de media, y las colinas de color terrroso que la rodean hacen que recuerde más a un lago que a una laguna litoral.

En el poniente de la zona se puede observar cómo pastan tranquilamente las vacas de raza menorquina en una extensa zona inundable denominada 'Es Prat'. Hacia el nordeste se encuentra un sistema dunar, a través del cual transcurre el canal que comunica al mar.

La Albufera d'es Grau es un auténtico paraíso para los amantes de la ornitología, ya que en los inviernos se han llegado a contar hasta más de once mil aves acuáticas de casi un centenar de especies diferentes. Las más comunes son la Focha Común, el Ánade real, el Porrón Común y el Ánade Silbón. También constituyen una importante zona de nidificación para el Zampullín Chico y la Polla de Agua, y para la actividad de rapaces como el Halcón Peregrino, el Alimoche, el Águila Calzada y el Milano.
           
Playas y calas

Uno de los tesoros de la isla son, sin duda, sus playas y calas. El litoral está formado por una serie casi interminable de ellas ya que, salvo en pocas excepciones, no alberga largas playas. Este hecho le otorga una gran diversidad de paisajes y ambientes que dan una personalidad propia a cada playa. Las hay para todos los gustos, desde playas con servicios turísticos hasta recónditas e insospechadas calas vírgenes. Aunque todas tienen una cosa en común: sus cristalinas aguas.

Las características naturales y geográficas de la isla hacen que exista una gran diferencia entre las playas de la zona norte y las del sur. La costa sur está formada por blancos arenales rodeados de abundantes zonas verdes de pinares y sus calmadas aguas son, en gran parte de sus zonas, de un tono turquesa que no deja de deslumbrar. El norte es más agreste por la erosión que provoca el viento de tramontana en la costa. La arena es más gruesa y oscura, además su vegetación no es tan alta como en el sur. La paisajes de la costa norte menorquina aparecen, por capricho de la naturaleza, como un paisaje idílico a menudo tintado del ocre y del rojizo de sus rocas.

La gran cantidad de playas y calas que existen en la costa menorquina ofrece la oportunidad de elegir el propio paraíso. Las hay para todos los gustos; si se prefiere la comodidad, se puede optar por playas que ofrecen excelentes servicios turísticos y actividades acuáticas. Este tipo de playas, localizadas en un entorno urbanizado, dan la oportunidad de disfrutar de una variada oferta de alojamiento de calidad.

Algunas de estas playas sólo son accesibles por mar. Llegar hasta sus orillas en barco es, sin duda, la mejor forma de captar toda la belleza de la isla. Cada cala menorquina, por sus características naturales, tiene su propio encanto. Así se pueden distinguir diferentes tipos de playas dentro de una misma zona.
           
Menorca alberga los últimos parajes naturales mejor conservados del Mediterráneo. La isla es un rincón medioambiental único, debido a que los menorquines han sabido mantener, desde siempre, un armónico equilibrio con su entorno natural. Por esta buena relación con el medioambiente, Menorca fue declarada, en 1993, Reserva de la Biosfera por parte de la Unesco.

La Reserva de la Biosfera está formada por tres zonas. Su núcleo es el Parque Natural de l'Albufera d'es Grau, la isla d'en Colom y el Cabo de Favaritx y su zona de influencia. La segunda zona es denominada de amortiguación y está formada por las Áreas Naturales de Especial Interés, que comprenden aproximadamente un 40 por ciento del territorio de Menorca. Estas zonas naturales son:

Costa norte de Ciutadella, La Vall, De ets Alocs a Fornells, La Mola y s'Albufera de Fornells, Bellavista, De Addaia a s'Albufera, S'Albufera d'es Grau, De s'Albufera a la Mola, Cala Sant Esteve-Caló d'en Rafalet, De Biniparratx a Llucalari, Son Bou y Barranco de sa Vall, De Binigaus a cala Mitjana, Costa sur de Ciutadella, Son Olivares Camí de Baix (Degollador), Santa Águeda-s’Enclusa, El Toro y Penyes d’Egipte.

La tercera zona es llamada de transición y abarca el resto del territorio de la isla.

Menorca cuenta con unas cincuenta grutas terrestres y una decena de cuevas submarinas, además de unas treinta simas y cavidades que se descubren a diario. Su formación se origina por los efectos de la filtración del agua de lluvia en terrenos calcáreos. Se pueden admirar estos caprichos de la naturaleza tanto en los terrenos calcáreos de la zona norte -la Mola de Fornells y Monte Toro- como en la parte sur de la isla, donde son más frecuentes, y en ocasiones aparecen socavando las paredes de los barrancos. Algunas de ellas impresionan por sus dimensiones, como la Cueva de Es Coloms. Denominada también 'la Catedral' debido a su magnitud, se abre en una pared del lado de levante del barranco de Binigaus.

La fauna que habita las cuevas menorquinas es especialmente interesante, sobre todo en aquellas cavidades con aguas marinas que no tienen conexión abierta al mar. En algunas de ellas incluso se pueden encontrar crustáceos únicos en este tipo de hábitat.

Además de estas cavidades naturales, la mano del hombre ha creado, desde la época prehistórica, ampliaciones artificiales de estas cuevas destinadas a lugares de enterramiento. Así, se pueden admirar estos poblados cavernícolas en las idílicas Calascoves y Cala Morell.

Otro de los ambientes más característicos de Menorca es el de los barrancos, que cruzan de lado a lado -siguiendo un sinuoso trazado- la plataforma miocénica de la zona sur en dirección a la línea de costa. Estas formaciones geológicas pueden llegar a tener varios kilómetros de longitud y paredes de hasta cincuenta metros de altura. Su origen proviene de la confluencia de los procesos de la acción excavadora de las aguas corrientes, los movimientos tectónicos y las variaciones del nivel del mar Mediterráneo.

Los barrancos menorquines ofrecen paisajes espectaculares y concentran una flora que cuenta con 220 especies de las que 26 son endémicas, además de ser importantes centros de anidación de aves acuáticas y de rapiña, entre las que destaca la espectacularidad y la belleza del milano.

De los aproximadamente cuarenta barrancos que se puedenencontrar en la isla, destaca por su belleza incomparable el Barranco d'Algendar.
           
Menorca monumental

Menorca conserva intacta toda la magia que hace siglos construyeron sus antepasados. Un misterio que sigue aún vivo en forma de piedra, en sus construcciones megalíticas y en sus fortificaciones del pasado, capaces de cautivar a todo aquel que se acerque a compartir los fascinantes entresijos de una isla que es un auténtico museo al aire libre.

Las piedras que cubren gran parte de la isla han sido testigos del paso de numerosas civilizaciones a lo largo de los siglos. Eternas protagonistas del paisaje, a través de ellas se puede hacer un viaje al pasado y descubrir el embrujo que todavía las envuelve. El patrimonio histórico de Menorca es inagotable: se han contado más de mil monumentos prehistóricos, cuevas artificiales, restos de la época romana y vestigios del periodo islámico, así como estructuras de iglesias paleocristianas.

Los poblados talayóticos de la isla son de los más significativos en Europa. Los creadores de estas misteriosas obras parecen ser gigantes, si se tiene en cuenta el tamaño de las piedras utilizadas en las diferentes edificaciones. En sus misteriosas rutas totalmente integradas en la naturaleza, podemos trasladarnos miles de años atrás contemplando el esplendor y la magnitud de sus 'taules'. Estos monumentos que hipotéticamente fueron santuarios en su época, están formados por dos grandes bloques de roca dispuestos en forma de T, denominados así por su analogía con una mesa -'taula' en la variante dialéctica de Menorca-. La de mayor altura es la de Trepucó, con 4,20 metros.

Los poblados prehistóricos eran auténticas ciudades diseñadas para profesar culto a los difuntos. En su laberíntica estructura, además de 'taules', navetas y talayotes, se pueden admirar cuevas sepulcrales o pozos de la época.

Ciutadella de noche

De un pasado más reciente son las majestuosas fortificaciones que se levantaron para defender la isla de las numerosas invasiones de piratas y de otras civilizaciones, sufridas a lo largo de los tiempos debido a su situación estratégica en el centro del Mediterráneo. Estas fortalezas fueron construidas en su mayoría en el puerto de Maó, principal punto de entrada de escuadras invasoras. En su costa se puede admirar la fortaleza de la Mola -del siglo XIX-, el Castillo de Sant Felip, cuyos túneles subterráneos todavía hoy pueden ser transitados, y el Fort de Marlborough, construido por los británicos en el siglo XVIII.

El episcopado ha tenido históricamente una gran influencia en la sociedad de la isla. Este poder se proyecta en los numerosos edificios religiosos que se pueden apreciar en Menorca. La Catedral de Menorca es el máximo exponente de todo este riquísimo patrimonio y la más importante representación del gótico en la isla. Construida en Ciutadella a finales del siglo XIII sobre una antigua mezquita musulmana, fue coronada en el siglo XVII. Además de la catedral, la gran variedad de estilos arquitectónicos que se pueden encontrar en Menorca no deja de asombrar. Como el neogótico del interior de la iglesia de Santa Maria en Maó, donde podemos dejarnos sorprender por un monumental órgano de principios del siglo XIX cuya musicalidad es excelente. Además se puede reconocer la inspiración neoclásica en la iglesia del Carme y su Claustre adjunto, donde se celebran diferentes actividades culturales.

El gran legado cultural que ha heredado la isla es proporcional a la pasión de su gente por lo auténtico y a la gran pureza de su cultura popular. Esta tan peculiar expresión cultural se manifiesta en las tradicionales fiestas de Sant Joan, en las que el caballo de raza autóctona es el verdadero protagonista, así como en su variada artesanía creada por las manos más sabias de la isla o en la expresividad de sus atávicos bailes folclóricos.

Tanta admiración del pueblo menorquín por el arte se proyecta en los numerosos museos que acercan a la realidad cultural de la isla. Así se puede entender la importancia le otorga la sociedad menorquina al medio ambiente en el Museu de la Natura o en Ecomuseu de Cap de Cavalleria. El Museo Hernández Sanz-Hernández Mora, ubicado en el Claustre del Carme de Maó, alberga una muestra de mobiliario, objetos y cuadros, además de una biblioteca donde recopilar información sobre Menorca, que permite hacerse una clara idea de la notable aportación de los autores de la isla en el arte y la cultura universal. El Museo de Menorca, situado en un antiguo convento de franciscanos, es un fiel testigo de la intensa historia que ha vivido la isla. En su interior se puede reconocer la gran herencia cultural que han dejado las antiguas civilizaciones a lo largo de los siglos.

De igual modo que el Museo Municipal de Ciutadella, en el histórico edificio del Bastió de sa Font se ofrece un recorrido por la historia antigua de Menorca a través de objetos directamente relacionados con la vida de los primeros pobladores de la isla.

La gran oferta museística lleva también al Museo Diocesà en Ciutadella, donde se tiene la oportunidad de admirar pinturas desde los siglos XVII-XVIII hasta el arte contemporáneo y objetos arqueológicos además de orfebrería y arte litúrgico.

Fiestas

Fiestas de San Juan, con el caballo como protagonista

Las fiestas populares se celebran durante el verano en las diferentes poblaciones de la isla. Estas celebraciones locales son la mejor demostración de la autenticidad de las costumbres menorquinas. El punto de partida de esta serie de fiestas, la más popular de todas, se celebra en Ciutadella el 23 y el 24 de junio. Cuando llegan las fiestas de Sant Joan, esperadas durante todo el año, todo el pueblo, unido por un fuerte sentimiento a las tradiciones, se alza de júbilo. Unas fiestas auténticas, en el sentido más amplio de la palabra; un antiguo protocolo marca cada momento de la fiesta y su espíritu pasa de padres a hijos desde sus inicios en la Edad Media. La espectacularidad de sus juegos ecuestres y la explosión de alegría colectiva de la gente provocan un auténtico contraste de sensaciones.

El caballo de raza menorquina es el auténtico protagonista de las fiestas. Pero no sólo se puede disfrutar de todo el esplendor y la belleza de esta noble raza en las fiestas patronales; también están en todos los espectáculos de doma y en las carreras organizadas por los hipódromos de la isla.

Se puede seguir la búsqueda de la autenticidad con el folclore menorquín, ya que la música popular y los bailes tradicionales no han variado su pureza con el paso del tiempo. Hay muchas oportunidades de dejarse maravillar ante tanta expresividad en las continuas representaciones al aire libre. Un buen momento para hacerlo es en la Diada de Sant Antoni (17 de enero), celebrada en honor al patrón de Menorca. Otra forma de adorar a las protectoras Vírgenes del mar se da en las coloridas procesiones marineras en las que los navegantes engalanan sus barcas y se hacen a la mar una al lado de la otra formando un bello mosaico cromático.

Entre los diferentes espectáculos culturales donde descubrir la sabiduría de las gentes, no hay que perderse una velada con los 'glossadors'; auténticos poetas de rima oral, que sorprenden por su capacidad de improvisación para darse réplica entre ellos. Esta maestría se da también en los artesanos menorquines, de cuyas manos nace una auténtica y variada forma de moldear la belleza. Algunos ejemplos de tanta diversidad artesanal pueden ser: maestros que trabajan la madera para utensilios del campo, bisuteros, ceramistas, herreros, joyeros, maestros en la elaboración del queso, licoreros, zapateros o maestros artesanos en la fabricación de los 'llauts' (barcas menorquinas).

Caldereta

Ocio y una buena mesa
           
Menorca ofrece tantas posibilidades de ocio que es fácil encontrar el paraíso que cada uno busca. Vivir momentos inolvidables es sólo cuestión de dejarse llevar. Así, se puede descubrir, sin prisas, el encanto de perderse por sus calles, hasta llegar a los encantadores comercios de sus poblaciones, que mantienen todavía el sello de autenticidad que siempre los ha caracterizado. Sorprende la variada artesanía menorquina en los mercados al aire libre. La mayoría de las poblaciones albergan mercados artesanales semanales, donde se exponen verdaderas obras de arte hechas a mano. Un ritual que no hay que perderse es el de pasear por las paradas de Calas Fonts, Fornells o del Puerto de Ciutadella, parajes idílicos al lado del mar donde se respira una atmósfera especial.

El centro de las poblaciones y los principales núcleos turísticos están repletos de exclusivas tiendas donde hacerse con las últimas tendencias del mercado en ropa o calzado. La confección de zapatos en Menorca sigue teniendo, como antaño, una gran importancia. Sus diseños combinan la tradición artesanal con las últimas tendencias en moda; un producto preciado en muchos países del mundo. Además de las numerosas tiendas de la isla, se pueden visitar algunas fábricas donde hacerse directamente con tan preciada joya. La primera adquisición que debería hacerse en el momento de llegar a la isla serían unas abarcas, fabricadas en cuero y con suela de neumático, cuyo origen se remonta a los campesinos que antiguamente trabajaban el campo. Todavía hoy pueden encontrarse algunos artesanos que las hacen a medida. Es un calzado ideal para combatir las puntiagudas piedras que se encuentran en las excursiones por los caminos de la costa menorquina.

La gastronomía menorquina conserva una historia muy particular. La receta de cada plato alberga un compendio de historias y de civilizaciones, enriquecidas con el paso de los años; como es el caso de la salsa mahonesa que, según cuenta la leyenda, se remonta a la época de la dominación francesa en la isla. Durante este periodo, un gobernante galo alabó y expandió por el mundo las cualidades de esta sencilla aunque exquisita salsa que había probado en la isla.

Quesos de Mahó

Se puede seguir el viaje al pasado saboreando un vasito de gin, una ginebra que tiene su origen en la presencia inglesa en la isla en el siglo XVIII, destilada totalmente con bayas de enebro que le otorgan un aroma incomparable. Compartir la tradición de tomar un gin con la gente de la isla en cualquier bar es una experiencia que no se debe perder. Si se quieren conocer los secretos de su destilación, se puede visitar sus dependencias en el puerto de Maó.

La isla esconde muchos más secretos. Se dice que por la acción del fuerte viento de tramontana, el pasto se impregna de la sal del mar. Por esto motivo gusta tanto a las vacas y su queso tiene un bouquet tan especial. El queso con Denominación de Origen Menorca es uno de los más apreciados del mundo. Su sabor reúne toda la esencia de Menorca. Los parajes naturales por donde pastan tranquilamente las vacas y el tradicional método de elaboración traslada al paladar todo el buen gusto de la isla.

Los embutidos tradicionales de la isla también se elaboran de forma artesanal; lo que cuenta es el saber hacer, sin prisas, como se ha hecho toda la vida en las casas de la isla. La sobrassada es el producto estrella de los embutidos. Si lo que se quiere es prolongar el viaje más allá de las vacaciones, la mejor opción es degustarlas en casa mientras se recuerda todo lo vivido en Menorca.

Menorca abre también sus puertas a la diversión. En sus mágicas noches se concentra todo el embrujo de la isla: disfrutar de conciertos bajo el influjo de la luna en escenarios naturales tan insólitos como una cantera o acelerar el compás en una impresionante cueva natural, reconvertida en discoteca, que cuelga sobre el mar desde un grandioso acantilado, donde se dan cita los mejores dj's del momento en un ambiente cosmopolita, o bailar hasta el amanecer con vistas al mar en las animadas terrazas de los bares de los puertos de Maó y Ciutadella. Si se prefiere la tranquilidad, también se puede vivir una auténtica noche menorquina en una antigua cueva de pescadores, en Cala Corb, donde descubrir las tradicionales canciones marineras acompañadas por la guitarra del patrón, que invita a tocarla a quien quiera compartir su arte.

 



 
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