Desde su nacimiento en los Picos de Europa hasta su desembocadura en el Duero, a sólo quince kilómetros de distancia de Portugal, el río Esla -uno de los más largos de España que no mueren en el mar o el océano- recorre 290 kilómetros por tierras de León y Zamora. Río vinculado a la historia leonesa, atraviesa la provincia de norte a sur, bañando con sus aguas una rica vega, pueblos de antigua historia y monasterios de recogida tradición.
A orillas del Esla han crecido civilizaciones. Antiguamente, este río se denominaba Astura y dio nombre a uno de los pueblos más combativos con la ocupación romana del norte de la Península. Siguiendo su curso aparecen pueblos construidos en piedra y barro, castillos que hablan del pasado guerrero de León y monasterios que invitan al recogimiento.
El recorrido a orillas del Esla puede comenzar en Riaño, a los pies de la presa que sepultó bajo sus aguas al antiguo pueblo. El nuevo es moderno y basa su economía -entre otras actividades- en el turismo. Además de ser punto de partida de las excursiones a la montaña leonesa, su vecindad con el pantano le ha permitido crear ciertas infraestructuras relacionadas con los deportes náuticos. En sus alrededores, donde abundan los bosques y los peñascales, viven el urogallo, el ciervo y el oso pardo. Desde aquí, el cauce del Esla está regulado y el río acompaña al viajero hasta que, pocos kilómetros más adelante, un desvío introduce a éste en una carretera estrecha que le lleva hasta Lois.
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En Lois -localidad que fue popularmente conocida como la 'universidad de la montaña', y su impresionante iglesia como 'catedral de la montaña'- merece la pena recorrer las calles admirando la arquitectura de sus casas, algunas de ellas, auténticas mansiones de fachadas blasonadas, lo que da idea de su pasado esplendor. El urbanismo de Lois se apoya sobre piedras autóctonas, al igual que su iglesia, construida con mármol rosa de la zona.
Desde Lois, recuperando el cauce del Esla, se llega a Sabero, pueblo minero que lucha por sobrevivir al cierre de su principal fuente de ingresos. En él se puede visitar el Museo Minero y admirar algunas importantes muestras de la arquitectura industrial leonesa, tradicionalmente vinculada a la minería.
Siguiendo el cauce del río, se llega a Cistierna. Es ésta la capital administrativa de la zona y antesala de la inmensa llanura arbolada que desde aquí riegan las aguas del Esla. Muy cerca de aquí se encuentra el monasterio de Gradefes, bello ejemplo de la arquitectura religiosa del Císter. Su construcción se remonta al siglo XII y en él destaca su iglesia, con el ábside románico decorado con numerosos canecillos con figuras que le dan un aspecto sobrio como corresponde a la función que le encomendó la historia. En el interior de la iglesia, una bella girola rodea el altar y en el claustro, merece la pena visitar la sala capitular del monasterio.
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Pocos kilómetros más adelante, otra joya de la arquitectura religiosa espera al viajero: la iglesia mozárabe -del siglo X- de San Miguel de Escalada. La iglesia es el único resto de lo que fue un importante monasterio edificado por monjes cordobeses en los tiempos de Alfonso III. Los arcos de entrada a la iglesia son uno de los mejores ejemplos 'vivos' de la arquitectura mozárabe, pero en el interior de la iglesia las columnas de mármol y los capiteles finamente decorados compiten en belleza con el exterior del recinto.
Cerca de aquí se encuentran las ruinas de Santa Olaja de Eslonza y, más abajo, Mansilla de las Mulas, importante localidad por donde pasa el Camino de Santiago, que en ella se cruza con el río. En Mansilla de las Mulas tuvo un mesón la Pícara Justina, pero lo más destacado del pueblo son sus murallas, construidas a base de cantos rodados -como corresponde a la vocación fluvial del municipio- y que discurren paralelas al Esla. Si todavía quedan ganas de visitar nuevas ruinas, las del monasterio de Sandoval -con importantes restos románicos- quedan cerca.
A partir de Mansilla de las Mulas el paisaje cambia. La vegetación se adueña de las márgenes del río, escondiéndolo en primavera y dándole color otoñal tras los rigores del verano. Los chopos crecen en las orillas y pintan de amarillo, marrón, rojo y verde el paisaje del Esla. Aquí se localiza la segunda zona vinícola de León: la comarca de los Oteros, que da una uva de nombre y propiedades tan particulares como su denominación de 'prieto picudo'.
Nos estamos acercando a Valencia de Don Juan, con su espectacular castillo del siglo XV que se asoma al río. La localidad es hoy uno de los más importantes centros turísticos de la provincia. Aquí, los aficionados a la pesca pueden disfrutar de la riqueza truchera del río. En sus alrededores se pueden adquirir vinos rosados y algún tinto de buena calidad.
Cerca ya de Zamora, Toral de los Guzmanes ofrece al visitante la belleza de su casa palacio, impresionante y construida en tapial, por lo que casi se confunde con el paisaje. Por último, Valderas conserva las ruinas de su castillo, casas señoriales, su antiguo seminario y numerosos rincones interesantes como en su plaza Mayor. Es la última parada de la ruta y despide al viajero del Esla, que sigue su curso rumbo al Duero, con cuyas aguas se confunde muy cerca de la frontera con Portugal. Y es que el Esla presume de ser un río castellano-leonés.