21-06-2008
Nuestro vecino del Oeste comparte con nosotros historia, paisajes, gastronomía y carácter. Portugal y España caminan de la mano desde hace siglos y no sólo por su cercanía –más bien continuidad geográfica- sino porque un espíritu común los une. Por su cercanía e indudables atractivos, Portugal es un destino turístico de primer orden.
Lisboa no sólo es capital de Portugal sino también del Atlántico, un título que ostenta por su vínculo con los descubrimientos marítimos, por el extenso estuario del Tajo desaguando en el Océano y porque es la única capital de Europa con playas atlánticas.
Basta coger el tren y acompañar el estuario del Tajo, para sorprenderse con la sucesión de playas de arena dorada tan cercana a la capital. Al final de la línea están las playas de Estoril y Cascais con bellos palacetes que recuerdan el tiempo en que los reyes de Portugal veraneaban en ellas.
A continuación, la costa gira hacia occidente. En escenarios de arena y roca no se puede perder el viajero el deslumbrante espectáculo del sol que todos los días desaparece en el Atlántico. Para conocer el arenal de más longitud de Europa, no hace falta ir muy lejos.
Al sur del río Tajo, sólo a media hora de Lisboa, los 30 kilómetros de arena, mar y cielo de la Costa de Caparica parecen no tener fin.
Tierra de conquistadores
En el siglo XVI partieron de las playas del Tajo las carabelas y naves que llegaron por mar a la lejana India. Quinientos años después, en el Oceanário del Parque de las Naciones, uno de los dos mayores de Europa, Lisboa se mira en los océanos del futuro.
Lisboa es una capital privilegiada, a orillas de uno de los más bonitos estuarios de Europa. Observar a los flamencos y otras aves puede ser una experiencia fascinante.
El Estuario del Tajo es una Reserva Natural considerada una de las diez zonas húmedas más importantes de Europa para las aves marinas. Si gusta el contacto directo con la naturaleza, no hay que dejar de dar un paseo en barco por este gran estuario, donde se pueden observar muchas de las especies que aquí encuentran su hábitat natural. Otra forma de observar algunas de las 100.000 aves que aquí pasan el invierno es pasear relajado por los senderos. Es muy probable que se sorprenda a una bandada de elegantes flamencos rosa levantar su vuelo.
Alejándose de la Reserva Natural, aunque sin salir del Estuario del Tajo, están los molinos de agua, movidos por las mareas, como el de Corroios, que recupera antiguas tradiciones para la elaboración del pan. Las márgenes del río fueron desde siempre lugar de confluencia de gentes y culturas, y concentraron los más diversos vestigios de ocupación de este territorio.
Para observar las aves, en un radio de unos 50 kilómetros hay otras reservas naturales que no se deben perder. La Reserva Natural de Paul de Boquilobo, también en el Tajo, alberga la mayor colonia de garzas de la Península Ibérica y fue incluida en la Red Internacional de Reservas de la Biosfera, clasificada por la Unesco. La Reserva Natural del Estuario del río Sado, igualmente con una enorme diversidad de aves, cuenta con otro atractivo: la elegancia de los delfines que acompañan en los paseos en barco. Se puede, además, dar un paseo a vela en los Galeones de la Sal, embarcaciones tradicionales que recorren el estuario y la costa de Arrábida. Y ya en Setúbal, el visitante no se debe ir sin probar los deliciosos salmonetes a la parrilla, ex-libris gastronómico de este puerto pesquero.
También la Reserva Natural de las Islas Berlengas cuenta con condiciones ideales para que las aves marinas hagan ahí sus nidos. Las Berlengas son un pequeño grupo de islas desiertas, donde las murallas de un antiguo fuerte evocan leyendas históricas de piratas. Rodeadas por aguas verdes y cristalinas, la marea baja invita a dar un paseo en lancha por las grutas que se esconden en las formaciones rocosas. En Peniche, donde se coge el barco, no hay que perderse la oportunidad de probar una suculenta caldereta de pescado, preparada con agua del mar.
La 'Riviera portuguesa'
Su cercanía a Lisboa, su agradable clima durante las cuatro estaciones, un sofisticado ambiente para la diversión y su fama como refugio de reyes hacen de la Costa de Estoril la 'Riviera portuguesa'.
Las playas de arena fina empiezan en la desembocadura del Tajo y acompañan la costa hasta Cascais. Carcavelos, que marca el encuentro del Tajo con el Atlántico, es la más grande, con olas bien moldeadas para la práctica del surf.
En los años 20 del siglo pasado, el tren Sud Express, que venía de París, tenía parada en la estación de Estoríl, a la que llegaban reyes, nobles y millonarios de Europa, que aquí encontraban refugio para el descanso y el ocio. Dejaron su huella en casas palaciegas y en el ambiente de glamour que todavía se puede sentir. La playa de Tamariz, al fondo de los jardines del Casino, era la más elegante.
Cascais era un puerto pesquero al que la presencia de los últimos reyes de Portugal transformó en una elegante zona de veraneo. Las calles para pasear, los cautivadores hoteles y restaurantes, el efecto escénico de los yates a lo largo de la playa son, en su conjunto, un encanto.
Una carretera costera, con muchos restaurantes a orillas del mar, le conduce al magnífico panorama de la playa de Guincho, encuadrado por la sierra de Sintra. Las más fuertes olas convierten a esta playa en uno de los mejores sitios en Portugal para practicar surf y windsurf.
El Alentejo
Pasear por los castillos y aldeas del Alentejo permite disponer del tiempo y el espacio necesarios para disfrutar de unos días tranquilos.
Viajando hacia el Sur por carreteras secundarias se pueden visitar aldeas y pequeños pueblos que todavía mantienen las costumbres y productos regionales de calidad. Los ambientes son tranquilos y el tiempo da para descansar, saborear la naturaleza y conocer el patrimonio.
Aquí se pueden escuchar historias de los monjes caballeros de Flor da Rosa, así como apreciar el paisaje desde el castillo de Evoramonte y pasar unos días en la aldea de São Gregório.
La región está llena de posibilidades. En Telheiro se puede montar en bicicleta, escuchar el cante alentejano en Pias y zambúllirse en el mar tras visitar Santa Susana.
Para dormir plácidamente, en todas las aldeas se encuentra la hospitalidad de las casas de Turismo en el Espacio Rural y una gastronomía elaborada con los sabores de la tierra.
Si se busca sosiego, se encuentra en Évoramonte. Dentro de las murallas, dos calles tranquilas conforman la aldea. En el centro, su punto más alto, está la gran Torre del siglo XVI, amarrada por tres cuerdas de piedra, que dan la vuelta al monumento y terminan en un gran nudo.
El castillo medieval de Évoramonte parece suspendido en el horizonte. La Sierra da Ossa y la enorme extensión de alcornoques y olivos completan el escenario.
La gastronomía local se puede degustar en uno de los tres restaurantes de la zona, ya sea arriba, contemplando el paisaje, o en la parte nueva del pueblo, fuera de las murallas. Para apreciar mejor la región, nada como alojarse en una de las casas de Turismo Rural que por aquí existen.
No se debe dejar de visitar el valioso patrimonio arquitectónico de Estremoz o de Évora, dos ciudades alentejanas.
La región del Algarve
Si se quiere ir a la playa, el Algarve puede ser la opción ideal. Aquí se dan todas las condiciones para unas perfectas vacaciones al sol.
Con un clima agradable durante casi todo el año, el Algarve permite optar entre la tradicional época de playa y baños u otro momento del año con menos gente; desde mediados de abril a octubre el sol es casi omnipresente, por lo que no es sólo en agosto cuando se puede disfrutar de las playas del Algarve.
En ellas se encuentran extensos arenales interrumpidos por rocas de facciones irregulares que forman paisajes admirables con misteriosas grutas, que se pueden visitar en excursiones en barco. Algunos hoteles de lujo, por su localización en terrenos junto al mar, ofrecen playas y paisajes únicos con las mejores condiciones para disfrutar al máximo de este ambiente.
De la vasta oferta gastronómica presente en el Algarve, no hay que dejar de probar la tradicional 'cataplana' de marisco, regada con un vino blanco bien fresco, cena perfecta para iniciar la ronda por la animadísima y larga noche del Algarbe. Se puede beber una copa o bailar hasta amanecer en locales en la Praia de Rocha, en Galé, en la playa de Oura o en Vilamoura.
El Algarve permite pasar días maravillosos entre islotes, arcos de rocas y grutas bañadas por las aguas transparentes que bañan la punta oeste de su costa. Desde el mirador de Atalaia, en la playa de Luz, se disfruta de una espectacular vista de la costa portuguesa. En Lagos, el Promontorio de Ponta da Piedade protege la bahía, calmando las aguas.
SINTRA - PALACIO NACIONAL |
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En la playa de Alvor, se puede practicar la vela llevados por el viento en un barco o en una tabla de windsurf. Las playas se suceden en dirección este -hacia Praínha, Três Irmãos, Vau y Praia da Rocha-. Todas son bonitas y en todas se pueden pasar unos días espléndidos a orillas del mar. En Rocha, hay que visitar la Fortaleza de Santa Catarina y contemplar por unos momentos el fabuloso panorama sobre el océano.
En la playa de Carvoeiro se debe hacer una visita a las grutas y observar las características formaciones de Algar Seco.
La playa de Albufeira, aunque pequeña, es pintoresca, con los barcos de los pescadores y la entrada que se hace a través de un túnel. En dirección a Faro, la bellíssima Santa Eulália, la pequeña Balaia, Falésia y Vilamoura son playas abiertas en una zona de acantilados ocres y extensos arenales. No hay que perderse la experiencia de cruzar estas aguas en un barco o a toda velocidad haciendo esquí acuático.
Como hay gustos para todas las playas, el Algarve ofrece playas para todos los gustos.
Si se buscan lugares salvajes y con olas, la playa de Arrifana, en la Costa de San Vicente, es una de las más bonitas. La de Barriga no lo es menos. Se accede a ella por una carretera de tierra y es necesario llevar algo de comida. Vale la pena porque el paraje es de cinco estrellas. El mar suave y los enormes arenales se encuentran a sotavento, hacia el este.
Si se quiere disfrutar solo de muchos kilómetros de arena y extender la toalla donde apetezca, el lugar idóneo es la playa de Barril, en una isla frente a Tavira. Si, por el contrario, se prefiere la compañía de los peñascos dorados que dieron fama al Algarve, hay que elegir la bahía de Lagos. Especialmente, la playa de Dona Ana.
Si lo importante es divertirse por la noche, la gran movida está en la playa da Rocha, en Portimão, en Galé, en Albufeira, en playa da Oura y en Vilamoura. Si se prefiere un ambiente de moda, es necesario dar un salto a playa do Ancão, entre Quinta do Lago y Vale de Lobo, dos de los mejores complejos turísticos del Algarve.