Hace unos días, el secretario general de la UPL anunció que no volverá a presentarse al cargo. A nadie le ha extrañado que el señor Melchor Moreno no quiera repetir. A Moreno le conocen en el partido por el apelativo cordial de 'Melchorín el de Torre'. Cordial y revelador. Moreno llegó a la UPL después de haber militado en otros partidos y siempre fue una persona de acompañamiento de José María Rodríguez de Francisco, primero, y de Joaquín Otero, después.
Cuando Otero decidió pasar a un segundo plano en el liderazgo de UPL, apadrinó a Moreno para el cargo sabiendo que éste carecía de capacidad y carisma suficiente para la tarea, pero Otero necesitaba a un hombre de ese porte político para seguir manteniendo el poder con discreción. Cuando al final lo expedientaron y apartaron por abrir una sede paralela, Mechor Moreno se encontró huérfano al frente de una UPL que era incapaz de sacar adelante, como bien se ha visto en los calamitosos resultados electorales, en las crisis permanentes y en el desplome del partido.
En su lugar ha desempeñado el puesto Javier Chamorro, presidente de la formación y otro hombre de acompañamiento en tiempos de De Francisco y Otero, que según los estatutos no tiene poder ejecutivo al ser una especie de cargo honorífico al que únicamente le corresponden tareas de arbitraje y moderación, y que nunca hubiera imaginado ser el cabeza del partido y vicealcalde de León. Pero la política es así.
Melchor Moreno, 'Melchorín el de Torre' para sus amigos, terminará su etapa como secretario general con un incuestionable balance negativo y el partido agotado por la pereza. Pero a pesar de todo hay que reconocer que es un hombre complaciente y quizá bienintencionado que no sabía realmente dónde se metía, o quizá sí, pero que se equivocó en su potencial, en su política y en su equipo.
|