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El atentado con furgoneta-bomba en el aparcamiento de la T4 del aeropuerto de Barajas -con el que la organización terrorista ETA ha querido acabar el año 2006- supone mucho más que el fin de nueve meses y ocho días de "tregua permanente" y pone en evidencia al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien menos de 24 horas antes había reafirmado su fe en el proceso de paz y se había atrevido a aventurar que dentro de un año, estaremos mejor que ahora en materia de terrorismo.
Rodríguez Zapatero es un gran prestidigitador de la política, un personaje capaz de enarbolar una sonrisa como único argumento para convencer a los demás de que sus presentimientos y sus acciones son acertadas. Pero -quizá porque no las tiene- nunca ofrece pruebas.
Hasta ahora, una mayoría de españoles estaba dispuesta a creer en la intuición del presidente. Demasiados años de terrorismo y demasiadas víctimas hicieron a muchos agarrarse al clavo ardiente de la esperanza en una paz que a quienes primero beneficia es a los vascos, como se puso de manifiesto el pasado verano en el turismo de Euskadi.
Pero la situación ha cambiado drásticamente con la explosión registrada este 30 de diciembre en el aparcamiento de la T4 de Barajas. Y es inevitable hallar coincidencias entre esta ruptura de la tregua y la anterior, cuando los terroristas aprovecharon el periodo de calma para rearmarse y organizar de nuevo sus estructuras. En las semanas previas a esta ruptura del alto el fuego, las noticias relacionadas con la actividad de la banda en Francia, el robo de explosivos y el hallazgo de zulos a uno y otro lado de la frontera llevan a pensar que, de nuevo, ETA ha aprovechado estos nueve meses y ocho días para reforzarse.
Con el agravante de que, en esta ocasión, había un Gobierno convencido de que podía negociar con la organización terrorista para que abandone definitivamente las armas. El atentado en Barajas pone en evidencia la ingenuidad del Ejecutivo y en duda la capacidad de su presidente para ver la realidad.
José Luis Rodríguez Zapatero debe explicar a todos los españoles qué ha ocurrido entre el pasado 22 de marzo -cuando ETA declaró su tregua- y este 30 de diciembre, cuando su vuelta a la actividad ha quedado patente. Debe aclarar todo lo que no ha querido contar en estos meses, debe asumir la responsabilidad de rendir cuentas a sus votantes y a quienes, en el legítimo uso de la democracia, escogieron otras opciones políticas y ejercen una saludable oposición al Gobierno. Debe, en definitiva, dar la cara y aclarar si le han engañado o si, simplemente, es un iluso.
Porque si bien es grave que el Gobierno se deje engañar, lo es aún más que se guíe por deseos, por la esperanza de un tiempo mejor y por la confianza en quienes nunca han renunciado ni a una pequeña parte de sus exigencias bajo la amenaza del terror.
Salvo que explique a todos los españoles con pelos y señales todo lo sucedido este año, Rodríguez Zapatero debería abandonar su cargo. Por no explicar suficientemente a los españoles las razones de la actuación del Gobierno y por haber empeñado su acción ejecutiva al resultado de un proceso de paz que se ha demostrado falso. No es de recibo que el ministro del Interior se muestre "razonablemente optimista" sobre el abandono de las armas por parte de ETA y que el presidente del Gobierno diga que confía en el proceso de paz, y que veinticuatro horas más tarde de la declaración del presidente la organización terrorista haga estallar una furgoneta-bomba en el aparcamiento de la T4 de Barajas.
Como dice Rodríguez Zapatero, son cosas "absolutamente incompatibles". Pero es que eso es de perogrullo. ¿No será que el Gobierno no se entera?
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