Réquiem por la UPL

José A. Martín - Editor


Lo ocurrido en las últimas horas en el seno de la Unión del Pueblo Leonés se esperaba desde que, en las últimas elecciones municipales y autonómicas, la formación perdiera un importante número de votos y ese resultado enfrentara a los dos sectores que, durante este último año, se han hecho fuertes en el leonesismo. La suspensión de militancia de los procuradores en Cortes Joaquín Otero, Héctor Castresana y Luis Herreo Rubinat es, ante todo, una demostración de fuerza de los actuales dirigentes del partido y, además, la certificación de la muerte de una formación que en los últimos años ha dilapidado el crédito político que tenía y no ha sabido aprovechar las oportunidades que se le presentaban para defender su discurso nacionalista.

Y es la certificación de su muerte porque recomponer un partido que en mucho menos de un lustro ha visto cómo abandonaban sus filas algunos -por entonces- destacados miembros de la formación, que ha perdido apoyo popular y que, independientemente de los motivos y de las valoraciones que sobre los mismos se hagan, ahora expulsa a su representación en las Cortes autonómicas, es imposible. La política es una ciencia caprichosa que, por lo general, desencanta a los ciudadanos, capaces de no votar a los partidos que defienden sus ideas e, igualmente, capaces de castigarlos con su indiferencia cuando adivinan falta de seriedad en los planteamientos.

El leonesismo se ha hecho el hara-kiri en público. Y es curioso que unos dirigentes que defienden sobre todas las cosas la autonomía para el viejo Reino de León, la independencia de la actual -y, para muchos, artificial- comunidad autónoma, no hayan sido capaces de definir su discurso, ofrecer alternativas, creer en su proyecto y comprometerse con el futuro.

A León no se le defiende sólo con el dialecto y las tradiciones sino con propuestas bien planificadas. Y esto no es únicamente preguntar en el Pleno de las Cortes autonómicas sobre los planes del Ejecutivo castellanoleonés. La UPL no ha sabido explicar por qué es mejor que León camine solo por el mapa autonómico, probablemente porque no lo sabe. Hacen falta datos incontestables, propuestas serias e ilusiones transmisibles; tres cosas que los dirigentes de la UPL -actuales y pasados- no han sabido o no han querido poner sobre la mesa.

En este contexto, tras los últimos comicios municipales y autonómicos era inevitable que se escenificara el cataclismo leonesista. Los ahora suspendidos de militancia -eufemismo que se aplica para referirse a la expulsión- defendieron entonces que había que convivir con Castilla mientras exista la actual autonomía, sin dejar por ello de elaborar una propuesta autonómica propia. En León, mientras tanto, la dirección del partido insistía en reclamar la autonomía inmediata.

La propuesta de los procuradores leonesistas -sobre todo, de Joaquín Otero- era inteligente. Los partidos nacionalistas tienden a olvidar la necesaria disciplina legal para que el país funcione. Y quizá vieron que León no es actualmente una provincia -tampoco Zamora- capaz de sostenerse sin unas estructuras renovadas. Con una tasa de paro demasiado alta, una actividad industrial en declive y una cultura de la subvención firmemente arraigada en muchos sectores económicos y sociales, la autonomía para el Reino de León es, hoy por hoy, un objetivo difícilmente deseable.

Y es que la autonomía no se acaba con las transferencias y su dotación presupuestaria. Tampoco con un dialecto propio y unas tradiciones como las tienen todos los demás territorios del Estado. Es necesario crear un tejido económico resistente, capaz de atraer inversiones productivas. Con un Ayuntamiento de León en situación efectiva de quiebra, la Administración local no está en condiciones de impulsar el necesario desarrollo. Exigir la autonomía para no ser una comunidad puntera es una pérdida de tiempo.

Estas dos posturas se han demostrado finalmente irreconciliables. La justificación de las expulsiones es lo de menos; lo importante es que el leonesismo se ha suicidado. Y lo peor es que ninguna otra fuerza política está en condiciones de recoger el testigo con garantías de éxito. La situación es grave, aunque a los leonesistas parezca no importarles haber fallado a León.

jamartin@leondigital.com.es




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