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Dice la madre de Nevenka Fernández, la ex concejala de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada víctima del acoso al que la sometió el ex alcalde de la localidad, Ismael Álvarez, que la decisión de la Comisión de Cultura municipal de bautizar con el nombre del ex regidor el centro cívico anejo de Dehesas le parece "aberrante", y no le falta razón. Pero es que, además, despojado el hecho del legítimo componente emocional que acompaña desde hace meses a la familia y amigos de Nevenka -más aún a la ex concejala-, la propuesta hecha por los vecinos de Dehesas al Ayuntamiento es inadmisible y la respuesta del PP, un insulto a la sociedad.
Parecen haber olvidado los populares que Ismael Álvarez fue condenado por el Tribunal Supremo, que consideró demostrado el acoso al que el entonces alcalde de Ponferrada sometió a su compañera de Gobierno. Es, por tanto, reo de acoso y la decisión del PP de proponer al Pleno municipal el bautizo del centro cívico con el nombre del ex regidor es corporativismo en su máxima expresión. Un corporativismo que debería estar desterrado del manual de los políticos, que tan a menudo olvidan su deber de servir a la sociedad que les elige por encima de amistades, coincidencias de planteamientos y meras simpatías.
La decisión del Partido Popular de Ponferrada de proponer el nombre de Ismael Álvarez para el centro cívico anejo de Dehesas causa vergüenza. Y la justificación expresada este miércoles por el secretario provincial del PP de León, Eduardo Fernández, en el sentido de que "el primero en lamentar la polémica generada" es el propio Ismael Álvarez resulta una -sin duda involuntaria, ¿o no?- manifestación de cinismo. El ex alcalde de Ponferrada debería haber lamentado su conducta mientras acosaba a su concejala de Hacienda, actitud para la que -por cierto- encontró sonoras justificaciones en el seno de su propio partido.
Sería ciertamente injusto negar que, sin duda, durante su actividad política Ismael Álvarez hizo cosas buenas por Ponferrada. Como otros muchos alcaldes y concejales a lo largo de la historia de la ciudad. Nada justificaría etiquetarle por lo que hizo a Nevenka Fernández y despreciar sus aciertos políticos anteriores. Pero en unos momentos en que la violencia contra las mujeres genera intensos debates, cuando los medios de comunicación muestran las imágenes del horror personal, cuando lo que se pone en juego es la libertad y la dignidad femenina, a los hechos de los políticos se les debe exigir como a la mujer del César -que, además de ser casta, debía parecerlo-: que no sólo tomen partido contra los maltratadores físicos o psicológicos sino que, además, hagan gala de ello.
El PP no lo ha hecho y eso exige que instancias más altas en el partido se manifiesten sin ningún género de duda sobre la inoportunidad de la propuesta. El PP debería desautorizar a su grupo municipal en Ponferrada para que de una vez por todas entienda que el respeto a las personas está por encima del interés político, y que no se puede premiar a un condenado por acoso dando su nombre a un centro público ante la mirada de sus víctimas. |