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Hay políticos apegados a su tierra y políticos apegados al sillón. Los primeros comparten las preocupaciones de las sociedades a las que representan, se ocupan de conocer la realidad de sus vecinos y actúan con honestidad. Los segundos no conocen -ni quieren conocer- las necesidades de sus votantes y sólo se preocupan por aparecer en la foto, conservar el cargo y disimular sus incapacidades para ejercer una labor pública.
En este diario nos hemos hecho eco en ocasiones anteriores del desajuste entre lo que los responsables municipales consideran una gestión admirable y la ciudad que los demás vemos desde nuestra posición de habitantes que salimos a la calle, circulamos con nuestros coches, subimos al autobús y pisamos el suelo. Creíamos que esa falta de sintonía era exclusiva de León, pero estábamos equivocados.
Un jurado de la Unión Europea ha elegido a León entre la docena de ciudades que optan al premio comunitario a la ciudad más transitable y con un sistema de transporte público atractivo que anime a sus vecinos a dejar el coche en casa. ¡No lo podemos entender!
El transporte urbano de León es, desde que se hicieron cargo de su gestión sus actuales responsables, insuficiente, viejo, incómodo e indigno de una ciudad moderna. La información municipal sobre sus redes de transporte público es indignante, cuando no inexistente; y la amabilidad de los conductores de autobuses -por lo general-, una utopía. Cualquier leonés que tenga que esperar durante veinte minutos a pleno sol a que pase su autobús se puede encontrar con que el conductor no le sabe informar de horarios ni de rutas y con que los autobuses no siempre paran donde las rutas oficiales dicen que hay una parada. En estas circunstancias, es comprensible el mal humor de muchos conductores de autobuses urbanos: quizá temen no saber dónde tendrán que parar y ser sancionados si se equivocan.
En León, hoy por hoy, el sistema de transporte público es incapaz de convencer a nadie de que deje el coche en casa. La experiencia demuestra que cuando un sistema de transporte urbano es cómodo y eficaz, los niveles circulatorios disminuyen. En León hay más circulación de la que debería soportar una ciudad de sus dimensiones y eso es porque no hay una red de transporte público que preste un servicio adecuado.
Aquí acostumbramos a invitar a los políticos locales a que salgan a la calle y miren, porque nada hay más tozudo que la realidad que uno puede ver con sus ojos. Si los responsables municipales hicieran ese ejercicio de humildad, comprobarían que los autobuses urbanos de León nunca circulan llenos de pasajeros. Y eso es un síntoma de que algo falla en la gestión del servicio.
Por todo ello no se comprende que León opte al premio a la ciudad europea más transitable y con un mejor sistema de transporte público. Si algo puede animar a los leoneses a dejar el coche en casa son los numerosos baches que adornan las calles. Quizá el jurado de la UE debería haber valorado también eso. Si sus miembros piensan que León es una ciudad que -en sus circunstancias actuales- puede aspirar a un premio, es que no tienen ni idea, se dejan convencer sin comprobar por sí mismos la veracidad de lo que les dicen o no les importa. Y en cualquiera de esos tres casos, alguien debería exigirles responsabilidades.
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