Los defensores del Día de Castilla y León y de la fiesta de Villalar de los Comuneros están de enhorabuena tras el inesperado apoyo recibido del alcalde de León. Un ejemplo de que para ser político ya no hace falta dominar el arte de la oratoria, toda vez que importa más el rendimiento electoral que la transmición acertada de las ideas.
Dice Francisco Fernández que la fiesta de Villalar le produce "las mismas emociones" que subirse al autobús. Puesto que hay que suponer que el alcalde de León es un firme defensor del transporte público, nos lo imaginamos imbuido de una honda satisfacción cada vez que viaja en autobús. Y si la fiesta autonómica le provoca "las mismas emociones", habrá que pensar que siente la misma satisfacción y le presta el mismo apoyo que a los trayectos en transporte público.
Claro que esto no es cierto porque Francisco Fernández se ha manifestado reiteradamente en contra de una autonomía que el PSOE de León considera artificial y negativa para los intereses de la provincia. Así las cosas, simplemente ocurre que la cita del alcalde no es afortunada.
No es la primera vez que desde estas páginas advertimos sobre la creciente 'tontería' que afecta a la política leonesa. Y es que todos los 23 de abril se recurre a la comparación entre lo que pierde León por pertenecer a la Comunidad Autónoma y lo que ganan otras provincias como Burgos y Valladolid. No falta razón a quienes subrayan este desequilibrio, pero nadie hasta ahora -quizá porque no es rentable electoralmente- ha querido o ha sabido hacer frente al verdadero problema de una provincia y de su capital que no creen en sí mismas.
Treinta años de ayuntamientos democráticos y más de 25 de autonomía sólo han servido para perpetuar en el imaginario leonés la idea de que, al igual que los males, la solución de los problemas debe venir de fuera. Se demoniza a la Comunidad de Castilla y León y se defiende su división en dos comunidades, prometiendo que así se resolverán los problemas de los leoneses. Y nada más lejos de la verdad.
La realidad de León es un retroceso demográfico persistente, una pérdida continua de tejido productivo y un ayuntamiento -el de la capital- hipotecado por una importantísima deuda que impide el normal funcionamiento de la institución. ¿Qué ocurriría si mañana los leoneses decidieran 'independizarse' de la Junta y el Estado admitiese la nueva autonomía? Sencillamente, la bancarrota económica e institucional.
Esto no quiere decir que los partidos leonesistas -incluido el PSOE de León- deban renunciar a defender la historia, la cultura y el carácter leonés, tres aspectos que enriquecen a la sociedad. Pero ya es hora de que los partidos políticos elaboren propuestas concretas para sanear las cuentas municipales, atraer industrias, generar empleo y crear riqueza... por nuestros propios medios. Mientras eso no se haga, las proclamas a favor del leonesismo y en contra de la debida lealtad institucional sólo son palabras vestidas de oportunidad pero sin ningún fundamento.
En León hace falta más trabajo y menos idealismo. La historia es inamovible, la cultura es un tesoro capaz de resistir al paso del tiempo y el carácetr es un valor que, bien utilizado, se convierte en motor del desarrollo. Y esto es lo que debería importarnos a todos, frente al desinterés o la incapacidad de muchos políticos para situar a esta provincia y a su capital en el siglo XXI. No vaya a ser que tanto mirar a nuestro pasado, se nos olvide que tenemos un futuro por delante.
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