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Hubo un tiempo no muy lejano en este país, en que se hablaba mucho de la responsabilidad de los dirigentes deportivos en los casos de violencia en los estadios. Se acababan de registrar gravísimas agresiones -la peor, sin duda, la que acabó con la vida del joven aficionado donostiarra Aitor Zabaleta, asesinado por un grupo de 'cabezas rapadas' el 8 de diciembre de 1998 en las inmediaciones del Vicente Calderón de Madrid- y masivos enfrentamientos entre jóvenes 'ultras' y las Fuerzas de Seguridad.
Se decía entonces que el fútbol tenía mucho que aprender de otros deportes donde la caballerosidad reinaba todavía. Se ponían los ejemplos del baloncesto y el balonmano, y se subrayaba la deportividad de ciertas aficiones, entre las que se encontraba la leonesa del Ademar. Mucho han cambiado las cosas en sólo siete años, a tenor de lo que sucede últimamente en León.
Hace pocos días, recordando los recientes incidentes protagonizados por un exaltado grupo de aficionados del Ademar, se dijo que eran una minoría poco significativa y aislada que en nada representaba al conjunto de la afición ademarista. Pero, como ocurre siempre, los hechos ponen las cosas en su sitio. Y el hecho es que lo ocurrido este sábado antes, durante y después del encuentro que disputaron el Ademar y el Portland San Antonio, cuando un nutrido grupo de aficionados leoneses intentó agredir a los comentaristas de TVE que retrsnamitieron el encuentro, es vergonzoso.
Nada -ni siquiera la tensión acumulada por el triple enfrentamiento consecutivo entre leoneses y navarros- justifica el uso de la violencia en el deporte. Ni dentro de la cancha ni fuera de ellas, en las gradas o en la calle. Pero más vergonzoso aún es que desde la directiva del club -pensemos que involuntariamente, lo que simplemente sería un caso de inexplicable irresponsabilidad- se haya 'calentado' el ambiente los días anteriores al encuentro, criticando la actuación de los periodistas. Mal vamos si las culpas de un mal juego o, quizá -por qué no-, del hecho de que el contrario haya jugado mejor, se descargan sobre el mensajero. A algunos aficionados les hace falta muy poco para tomarse la justicia por su mano y nadie dice que los dirigentes deportivos tengan razón.
A los directivos de clubes -sean de la modalidad deportiva que sea- se les debería exigir un alto grado de responsabilidad demostrable. Es inadimisble que hagan declaraciones públicas que puedan servir de coartada a los aficionados más violentos y, en todo caso, deberían tomar medidas ejemplarizantes para cortar de raíz cualquier nuevo intento de agresión a jugadores, aficionados o periodistas.
Hechos como los de este sábado demuestran, además, que directivos y aficionados tienen un destacable grado de inconsciencia. Porque las agresiones acaban en días con el prestigio de años y la imagen que la afición del Ademar tiene ahora en toda España no es, ni mucho menos, la de una afición ejemplar. Aunque los exaltados sean cuatro y no representen a la masa, pero hacen tanto ruido que su vergonzosa actuación es la que trasciende. Alguno dirá que también de esto tienen la culpa los periodistas.
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