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Hay algo en León que no encaja. Vista desde fuera, lo que trasciende de esta ciudad es su diáspora, el envejecimiento de su población y la falta de oportunidades. Vista desde dentro, sin embargo, esa percepción es errónea. Basta mirar en dirección a los nuevos desarrollos urbanísticos para comprobar cómo están en construcción decenas de edificios con centenares de viviendas, y basta circular por las calles para tropezar con algún atasco en cualquiera de los accesos a la ciudad o en muchas de sus vías más importantes.
Emigración y envejecimiento demográfico son incompatibles con el mercado inmobiliario, y los atascos son reflejo de una sociedad desarrollada y sin dificultades económicas graves. El tráfico intenso sería, en todo caso, una muestra de que el leonés se ha vuelto cómodo y coge el coche hasta para ir a por el pan.
El problema del tráfico es importante. No sólo por las dificultades que, a veces, plantea a la movilidad sino, sobre todo, por sus consecuencias medioambientales. León es una ciudad con pocos árboles y menos parques, y los parques que existen no son de grandes dimensiones. En los nuevos desarrollos urbanísticos abundan las praderas, pero los árboles son escasos.
Esta 'ceguera' medioambiental de los responsables municipales del urbanismo podría compensarse con un uso racional del automóvil que, sin embargo, no se da. Cierto que León es una ciudad pequeña que, por sus dimensiones, tiene el campo 'a tiro de piedra' y eso supone un beneficio para la calidad del aire que se respira en la ciudad, pero no justifica la falta de arbolado en las calles. Por otra parte, el hecho de que León sea una ciudad pequeña permite acudir andando a cualquier punto. En el tiempo que un madrileño tarda en llegar en metro al trabajo, un leonés puede cruzar a pie su ciudad a ritmo de paseo. No hay motivo, pues, para utilizar el coche en los trayectos urbanos.
Se celebra estos días la 'Semana de la Movilidad', que concluirá el jueves con el 'Día sin Coches', y el Ayuntamiento de León ha puesto en marcha diversas iniciativas para fomentar el uso de los transportes públicos. La intención es buena, pero esconde una trampa en la que pueden caer los responsables municipales. Porque para dejar el coche en casa es necesario contar con una buena red de transporte público que llegue a todos los barrios de la ciudad, que cueste poco al usuario y que ofrezca ventajas sobre el transporte privado. De nada sirven las campañas para fomentar el uso del transporte público si los ciudadanos deben esperar demasiado en las paradas de autobús, deben caminar demasiado para acceder a dichas paradas o deben viajar incómodos. Y hacer frente a esos problemas exige una fuerte inversión que el Ayuntamiento deberá acometer en algún momento.
El 'Día sin Coches' servirá de nuevo -el próximo jueves- para medir el grado de concienciación ciudadana con el problema del tráfico, pero también para comprobar si la red de transporte público es suficiente y responde a las necesidades de los leoneses. Hacen falta autobuses, nuevas líneas y una frecuencia de paso que invite a los ciudadanos a utilizar el autobús, dejando su coche en casa. Aunque la experiencia demuestra que el 'Día sin Coches' se celebra con éxito parcial, porque los vehículos privados siguen circulando en gran número ese día, su condición de termómetro de la realidad del tráfico bien merece su celebración.
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