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Señas de identidad
José A. Martín - Editor

Basta con salir a la calle y mirar en torno a uno para comprender que la teoría de la Evolución formulada por Darwin es inexacta. De otro modo, no se comprende que Segovia viva a los pies de un acueducto con dos mil años de antigüedad, que Ávila se proteja con unas murallas que han resistido el empuje del tiempo -a menudo, mucho más inmisericorde que los ataques del más feroz de los ejércitos-, que León conserve aún restos del castro que dio origen a la ciudad... y que la arquitectura moderna tenga fecha de caducidad fijada en el margen entre 50 años y un siglo. Algo estamos haciendo mal cuando nuestras obras no soportan el paso de los años y las grandes construcciones de la antigüedad se levantan todavía majestuosas a la vista del hombre moderno.

Sirva el ejemplo de la arquitectura para situar un problema que enturbia la normal convivencia entre los españoles. Decían los clásicos que el tesoro más preciado de una sociedad es su lengua, el idioma que une a sus miembros y que la identifica entre todas las demás sociedades. Es su seña de identidad. España es un país rico en lenguas, todas ellas muy valiosas. El problema surge cuando, con el fin de sustentar reivindicaciones políticas, se ataca a la lengua del contrario.

La lengua castellana sufre desde hace años una progresiva campaña de desprestigio nacida de los propios españoles. Hay zonas donde se mira mal al castellano-parlante, donde la lengua castellana parece proscrita y donde, para consolidar el uso de otras lenguas como el catalán, el euskera o el gallego, se arremete sin piedad contra la lengua de este país. ¡Craso error!

Una sociedad es más rica cuantos más conocimientos tiene. Castellano y catalán, euskera o gallego conviven pacíficamente en numerosas zonas, lo que demuestra a otras que la 'guerra del idioma' está fuera de lugar en estos tiempos. A ningún vasco le gustaría que los ingleses que viven en Euskadi impusieran su idioma, arrinconando al euskera. A todos, sin embargo, les parece normal hablar euskera e inglés. Pues con el castellano debe pasar lo mismo.

En esa defensa del castellano -mal llamdo "español" por muchos-, juegan un importante papel instituciones como la Fundación Camino de la Lengua, que desde hace cuatro años recorre España dando a conocer la riqueza cultural del castellano. Seis ciudades se han implicado en este proyecto, que el próximo año vivirá uno de sus momentos de máximo esplendor: la celebración del cuarto centenario de la publicación de 'El Quijote', la novela castellana por excelencia, embajadora de nuestro país en todo el mundo y obra cumbre de la literatura universal.

San Millán de la Cogolla, en La Rioja; Santo Domingo de Silos, en Burgos; Salamanca, Valladolid, Ávila y Alcalá de Henares, en Madrid, han hecho una apuesta arriesgada en favor del castellano. Las seis ciudades-hitos del Camino de la Lengua desarrollan una labor encomiable, y así lo acaban de reconocer elevando su presupuesto para el próximo año hasta los 252.000 euros. No es mucho dinero, comparada la cantidad con lo que se dedica a otras muchas cosas; pero es necesario seguir invirtiendo en la propagación de una lengua que hablan más de 500 millones de personas en todo el mundo. Sería absurdo avergonzarnos de nuestra lengua cuando millones de personas en todo el planeta se afanan por hablarla. Personas que no están obligadas por tradición ni por hermandad con los españoles a aprender castellano. Sólo faltaría que también en esto, como en muchas otras cosas, tuviesen que venir de fuera a enseñarnos la importancia de lo que tenemos entre nosotros.

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