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Finalmente, los propietarios del solar de la plaza de San Pelayo donde aparecieron los restos del cuartel general de la Legio VII Gemina han anunciado su disposición a negociar con el Ayuntamiento de León la permuta de los terrenos por otros de titularidad municipal. Como apuntaba este viernes el alcalde, Mario Amilivia, se trata de una buena noticia y confirma que, al final, la razón acaba imponiéndose aún cuando en el fondo del asunto subyacen intereses económicos muy importantes.
León es una ciudad con un gran pasado y el peso de su historia -en muchos momentos, determinante de la historia de España- no es algo que se deba tomar a la ligera. La intención del Ayuntamiento de crear un circuito arqueológico romano en la ciudad es una iniciativa que merece todo el apoyo, y el resto de administraciones debería tomar buena nota y poner a disposición del Consistorio leonés todos los recursos a su alcance.
Suele ocurrir que hacemos poco caso y concedemos escasa importancia a lo que tenemos cerca. Es un hecho que quienes van a los museos son los turistas y que quienes fotografían las ciudades son sus visitantes. En el caso de las administraciones públicas y del patrimonio ocurre lo mismo y, a fuerza de tener tan cerca las ruinas de épocas pasadas, a veces cuesta que se les dedique la atención que merecen.
En ciudades como Madrid, la aparición de restos arqueológicos paralizó las obras de construcción de un aparcamiento para residentes en la plaza de Oriente, obligó a modificar el trazado de la reforma de la M-30 y condenó al ostracismo a proyectos que, sin duda, hubieran reportado un gran beneficio económico a sus promotores. Si eso ocurre en Madrid, ¿por qué en León -donde los restos se remontan a los primeros años de nuestra Era- se ha permitido un espectáculo tan bochornoso como el enfrentamiento entre los propietarios del solar de la plaza de San Pelayo y el Ayuntamiento?
Cierto que en estos tiempos que corren la venta de un terreno para la construcción de viviendas puede reportar importantes beneficios a los promotores y que renunciar a ellos es muy difícil, pero debería existir una conciencia ciudadana favorable a la defensa del patrimonio común con independencia de dónde se encuentre. La disposición mostrada por los propietarios del solar donde aparecieron los Principia camina en esa dirección y el Ayuntamiento de León -que acertó cuando, hace algunas semanas, anunció su voluntad de expropiar los terrenos si no se alcanzaba un acuerdo- debería ofrecer a cambio del solar contrapartidas suficientes. La necesidad de una conciencia ciudadana no justifica que, como ocurre en otras expropiaciones, el interés general acabe perjudicando a los legítimos propietarios de unos terrenos.
La sombra de la expropiación amenaza todavía a los propietarios del solar de la plaza de San Pelayo si en 20 días no se alcanza un acuerdo, pero el paso dado este viernes es importante y anuncia una nueva etapa en la conservación de los restos arqueológicos leoneses. Ojalá lo conseguido no se quede en un intento loable pero fallido y dentro de no mucho tiempo los leoneses puedan disfrutar de un circuito arqueológico que les haga estar orgullosos de sus raíces.
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