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Ordenanzas, ¿para qué?
José A. Martín - Editor

Hay en la administración municipal leonesa un flagrante incumplimiento de su obligación de hacer cumplir las Ordenanzas que aprueba el propio Ayuntamiento. Y no debe ser por problemas de personal, cuando en esta ciudad el Consistorio y la Junta de Castilla y León tienen una nómina de empleados desproporcionada.

Basta con pasear por las proximidades de cualquier supermercado para comprobar cómo mientras al ciudadano de a pie se le pide que no saque su basura hasta una determinada hora, dichos establecimientos depositan sus residuos en los contenedores a media tarde, dando pie a que determinados colectivos busquen en ellos algo para comer, sin preocuparse de si el entorno queda sembrado de basura. Y eso que a la hora en que deberían sacar a la calle los contenedores, los comercios siguen abiertos.

Es verdad que este incumplimiento de la Ordenanza municipal sobre limpieza urbana es extensible a los leoneses 'de a pie', pero eso no justifica el que el Ayuntamiento no haga cumplir sus propias leyes. Si hay que sancionar, sanciónese; y hágase así con particulares y empresas, sin distinción. Pero hágase.

La limpieza de nuestras calles no es un asunto baladí. Por mucho que se empeñe la concejala del ramo en negarlo, León es una ciudad sucia. Una ciudad que no ha avanzado en materia de limpieza urbana, donde junto a la maquinaria de última generación que utilizan las empresas concesionarias del servicio, conviven los barrenderos con carrito y escoba.

El problema se agravará en los próximos meses, cuando se generalice la instalación de terrazas y los espacios que ocupan -en ocasiones, todo el espacio- se llenen de residuos que ni los clientes son capaces de recoger ni los establecimientos limpian. Así, difícilmente León atraerá a todo el turismo que desea.

Pero la solución del problema no es simple. Habría que empezar por dar a conocer a los leoneses el contenido de las Ordenanzas municipales. El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento, pero nunca está de más que los ciudadanos sepan qué normas de convivencia rigen en su localidad. La concienciación ciudadana es siempre necesaria, pero cuesta mucho conseguirla.

El segundo paso es la vigilancia, pero no basta con mirar: hay que sancionar las conductas incívicas. La comodidad personal no puede sobreponerse al bien general y este convencimiento -base de la actividad política- exige el castigo responsable a quienes incumplen las normas. Si no se atajan a tiempo, las conductas incívicas son difíciles de erradicar.

Ocurre que todo lo anterior está recogido en las Ordenanzas que el Ayuntamiento no se preocupa de hacer cumplir. Si esto es así, ¿para qué queremos Ordenanzas? ¿Por qué vamos a cumplir todos unas disposiciones que otros no respetan? Es necesario exigir a los responsables municipales que hagan respetar sus propias normas. Sólo así la ciudad estará cada día más limpia y los leoneses podremos disfrutar de las terrazas veraniegas sin arrollar el derecho de los peatones a caminar por las aceras.

jamartin@leondigital.com.es


 

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