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Hay ocasiones -sobre todo en política- en las que el dicho popular: "por la boca muere el pez" demuestra su acierto, y ésta es una de ellas. Dice la concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de León, Covadonga Soto, que la capital leonesa es una de las cinco ciudades más limpias de España. ¡Que Dios nos coja confesados! ¡Cómo estarán las demás!
Como no cabe la posibilidad de haber escuchado, leído o interpretado mal las palabras de la concejala, sólo caben dos opciones: o la edil no pasea por las calles o, si lo hace, no sale de la almendra central, donde los equipos de limpieza trabajan -y bien- todos los días. Porque si visitara otras zonas de la capital, y más aún cuanto más se alejan del centro, observaría cómo papeles, bolsas de plástico, colillas, hojas secas de los árboles y excrementos caninos brotan a diario y permanecen a la vista de quien los quiera mirar durante horas y, en ocasiones días. No puede ser más inexacta -cuando no abiertamente falsa y autocomplaciente- la valoración de la concejala.
Quien, por cierto, se cura en salud al afirmar que los servicios municipales de limpieza hacen un gran esfuerzo por llegar a los nuevos desarrollos urbanísticos. Claro que no es sólo en los nuevos desarrollos donde se acumula la suciedad, una presencia que no encaja con la ilusión de limpieza que transmite la responsable municipal.
En estos tiempos de AVE, aviones y coches último modelo que corren, o casi, como el R-25 de Fernando Alonso, es difícil confundir a la opinión publica, que viaja y compara. Y pretender que 47 capitales de provincia españolas están más sucias que León no responde a la realidad.
Desde aquí hemos responsabilizado a los propietarios de bares y cafeterías, a los de comercios de todo tipo y a los ciudadanos de a pie del mantenimiento de la limpieza urbana. No es gratuito que las mayores concentraciones de suciedad se produzcan junto a establecimientos hosteleros y supermercados. Pero no es menos cierto que el Ayuntamiento está obligado a hacer cumplir sus propias Ordenanzas y, entre ellas, la que exige civismo y policía -limpieza urbana- a los leoneses. De nada sirve que 270 personas trabajen en la calle recogiendo basura y barriendo aceras, si tras ellos hay una sociedad que tira papeles al suelo, pisotea vasos de plástico o busca entre los contenedores una ración de alimento que nos sobra a los demás. Si nosotros mismos no tenemos cuidado, de nada sirve que Urbaser saque a la calle 270 ó 1.500 operarios de limpieza.
Ocurre que mensajes como el de la concejala de Medio Ambiente no ayudan a cambiar la conciencia social. Y eso es grave cuando, además, el mensaje no se corresponde con la realidad. Digan lo que digan los responsables municipales, León es hoy una ciudad más sucia que hace tres años. Y, desde luego, no es una de las cinco más limpias de este país. Para alcanzar uno de esos cinco primeros puestos, deberá hacer una gran esfuerzo educativo, de responsabilidad y sancionador, aunque las multas sean impopulares y resten votos. Pero ése es otro cantar.
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