|
Hace ya más de una década que Izquierda Unida cambió su discurso para referirse no ya a sus militantes, como hasta entonces, sino a sus "compañeros y compañeras". Años más tarde, el lehendakari del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, hizo suya esa costumbre de IU y dejó de hablar a sus conciudadanos para dirigir sus discursos a los "vascos y vascas".
La lengua castellana es rica en palabras y en matices. Y dispone del neutro para referirse en plural a los miembros de un grupo, independientemente de su género. Es, por tanto, una grave incorrección decir: "compañeros y compañeras", "vascos y vascas", "leoneses y leonesas". Puede parecer que hablar así es moderno pero, sobre todo, es inculto y avergonzaría a muchos de quienes utilizan esa expresión para referirse a un colectivo determinado.
Alguien podría argumentar que, desde siempre, al comienzo de los discursos, los oradores se han referido a las "señoras y señores" presentes en la sala. Pero es que no es lo mismo decir: "señoras y señores, etc." que decir: "esto es un agravio a los leoneses y leonesas". Si en el primer caso está justificada la expresión, en el segundo la frase se podría sustituir por el neutro "a los leoneses", que engloba a los hombres y las mujeres.
Quienes hablan de manera tan incorrecta suelen argumentar que lo hacen en favor de la igualdad entre los sexos. ¡Grave error! La igualdad no es sólo cuestión de lenguaje -que en ocasiones sí puede serlo- sino de actitudes, y de nada sirve utilizar expresiones falsamente modernas en actitud de nuevo rico lingüístico si luego se discrimina a ellas y se beneficia a ellos, se justifican comportamientos humillantes y violentos contra la mujer y se crea una peligrosa conciencia machista en las nuevas generaciones.
Sobre todo los políticos -que, como los periodistas y los curas, se ganan la vida con la palabra- deberían cuidar su lenguaje. Sonroja leer algunos boletines de partidos y sindicatos en los que el "compañeros y compañeras" aparece repetido hasta la saciedad. Quienes trabajan de cara a la sociedad tienen una responsabilidad ineludible con la educación del público. Es necesario, pues, un reciclaje gramatical de políticos, sindicalistas, sacerdotes, periodistas y, en general, todos aquellos que pasan gran parte de su vida hablando o escribiendo para los demás.
Que la Real Academia de la Lengua no se haya pronunciado aún sobre este asunto no debe sorprender ni ser motivo para pensar que el tema no tiene importancia. Ya se sabe que la RAE es de reacciones lentas, quizá porque tiene muchos años y ha llegado a vieja. Malo sería que cuando la docta institución se refiera al neutro sea para darle la puntilla después de su 'asesinato' lingüístico. De todos es conocido que, en ocasiones, en vez de defender el lenguaje, la Real Academia se limita a certificar usos extendidos en la sociedad. Y la desaparición injustificada del neutro sería una auténtica catástrofe castellana.
jamartin@leondigital.com.es |