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Parece poco probable que la coincidencia entre la entrada en vigor del carné por puntos y la rebaja del número de muertos en accidentes de tráfico durante el mes de julio -por vez primera en los 25 años que se lleva contabilizando la siniestralidad en las carreteras, por debajo de los 300 fallecidos- sea fruto de la casualidad. Más bien al contrario, refleja que el nuevo sistema de puntos es positivo y -como ha ocurrido ya en otros países de nuestro entorno europeo- capaz de frenar la sangría que cada fin de semana, cada 'puente' y cada 'operación salida o retorno' se ceba en nuestras carreteras. Sólo con que el carné por puntos salve la vida de una persona, merece la pena su implantación; pero es que, hasta ahora, ha salvado decenas de vidas y eso -hemos de reconocerlo todos- es bueno.
Con todo, no hay que dormirse en los laureles. Hay muchas voces que advierten del peligro de que los buenos resultados dejen de serlo cuando haya pasado algún tiempo desde la entrada en vigor del carné por puntos y se apoyan en un hecho incuestionable: la insuficiencia de la plantilla de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil para hacer cumplir la norma.
Es cierto que la aplicación del carné por puntos, para que su efectividad se mantenga en el tiempo, debe disponer de medios humanos y materiales suficientes. Y eso, hoy no ocurre. Aún es posible circular cientos de kilómetros por las autovías sin encontrar un solo radar ni una sola patrulla de la Guardia Civil; cientos de kilómetros a lo largo de los cuales se sigue circulando a mucha más velocidad de la permitida, sin respetar otras normas.
La falta de efectivos es uno de los puntos flacos del nuevo sistema. Pero otro no menos importante es su parcialidad. La seguridad del tráfico y la reducción de las cifras de muertos en accidentes compete no sólo a los conductores: también los peatones han de sentirse obligados a respetar las normas porque, de otro modo, las estadísticas serán inexactas.
Las cifras de la DGT se refieren a accidentes en carretera, pero hay un número también muy importante de peatones atropellados que engrosa la lista de víctimas del tráfico y, con frecuencia, no se computan adecuadamente. Y es en este aspecto en el que se debe intensificar el esfuerzo previsor. Porque en nuestras ciudades son muchas las personas que cruzan por lugares indebidos por no recorrer los 50 centímetros que les separan del paso de peatones, muchas las que desobedecen la prohibición de los semáforos en rojo y muchas las que, siendo ocupantes de vehículos, paran en cualquier lugar y se bajan, poniendo en riesgo su seguridad y la de quienes circulan.
La lucha contra los accidentes requiere la colaboración de todos. También de quienes aparcan en doble fila, en las esquinas o en las rotondas, impidiendo la visión; o la de quienes no respetan los 'ceda el paso' y los 'stop', por no hablar de quienes siguen confundiendo la ciudad con un circuito y transitan por sus calles a velocidades propias de una autovía. Luchar contra esto requiere medios humanos y materiales pero, sobre todo, requiere el compromiso firme de las administraciones públicas encargadas de hacer cumplir la norma.
El balance del primer mes de aplicación del carné por puntos en positivo, pero queda mucho por hacer para que sus efectos duren en el tiempo. Hay que ponerse manos a la obra y no valen excusas: las vidas de los usuarios de nuestras calles y carreteras merecen el esfuerzo.
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