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¿Qué reivindicaciones?
José A. Martín - Editor

Había muchas cosas que reivindicar este 1º de Mayo y los sindicatos no se han quedado cortos pidiendo. Sin embargo, que nadie se equivoque: lo que reclaman las centrales es de justicia en todos los casos. La novedad de este año es que, por vez primera, las reivindicaciones sociales -entendido este calificativo en toda su extensión- han cobrado el mismo protagonismo que las exigencias laborales.

Es el caso de la paz en el País Vasco o de la integración de los inmigrantes, reivindicaciones que se han generalizado en todas las manifestaciones convocadas en España y que responden tanto al deseo de todo un pueblo como al reconocimiento del importante papel que desempeñan los inmigrantes en nuestra sociedad.

Pero el 1º de Mayo es, ante todo, una jornada de reivindicaciones laborales. Y ahí, los sindicatos no han olvidado nada: el fin de la temporalidad, la lucha contra la siniestralidad laboral, la equiparación en deberes y derechos entre hombres y mujeres... cuestiones que nadie -o casi nadie- se atrevería a poner en duda.

Este país ha pasado por épocas en que cada contrato indefinido se celebraba como una auténtica conquista. Hoy la situación es bien distinta, pero la temporalidad en el empleo sigue siendo alta. Hace falta un cambio de cultura para considerar que la temporalidad en el empleo debe ser el equivalente del meritoriaje que se estilaba durante la primera mitad del siglo pasado, la puerta de entrada al contrato indefinido. Las empresas han de tener libertad para 'probar' a sus trabajadores mediante contratos temporales, pero han der ser responsables también de transformar esos contratos en indefinidos cuando, pasado un tiempo prudencial, hayan comprobado que el trabajador desempeña bien sus funciones. Y aquí es donde falla el sistema porque muchas empresas todavía encadenan los contratos temporales uno tras otro y renuevan sus plantillas con una permisividad pasmosa de la administración laboral.

Hoy nos llama la atención el hecho de que los hijos no abandonen el hogar familiar hasta una edad avanzada. La falta de recursos para independizarse y comenzar una nueva vida no es, por tanto, exclusiva de los jóvenes sino que afecta a la sociedad en su conjunto. Nadie sin una dosis mínima de estabilidad en el empleo se aventura a comprar una vivienda, a formar una familia o a realizar inversiones.

También tienen razón los sindicatos al reclamar mayores medidas de seguridad en los trabajos y la equiparación entre hombres y mujeres. Pero, como en todo, la solución de estos importantes problemas compete a todos. Es cierto que muchas empresas no toman en serio aún el problema de la siniestralidad laboral, pero no lo es menos que son muchos los trabajadores que ocupan empleos de riesgo y no asumen las medidas de seguridad mínimas para desempeñarlos. No basta con exigir al empresario un esfuerzo contra la siniestralidad si los propios trabajadores no toman en serio sus vidas y eluden protegerse a sí mismos.

El mundo laboral español exige responsabilidad de todos. Estamos en puertas de una reforma que trata de resolver los problemas ahora existentes. ¡Ojalá administraciones, empresarios y sindicatos se comprometan de verdad de encontrar soluciones! Las empresas necesitan apoyo para desarrollarse y estar en condiciones de responder a las exigencias de estabilidad, seguridad e igualdad; y los trabajadores han de asumir su parte de responsabilidad en el proceso.

En León, además, se da otro hecho importante ante el que ni sindicatos ni administraciones hacen nada: aquí, el mejor trabajador es el que hace de todo y cobra lo mínimo. La especialización se ha quedado, para los leoneses -empresarios y sindicatos-, en los libros de texto. Se exige a los empleados que hagan su trabajo y, también, el que no les corresponde. Así, las empresas ahorran sueldos de trabajadores que no contratan. Pero en eso tienen tanta culpa los empresarios como los sindicatos y los propios trabajadores que se resignan a esa forma de explotación. El conformismo de la sociedad leonesa que tantas veces hemos denunciado alcanza aquí dimensiones que restan legitimidad a las reivindicaciones de los sindicatos.

Y la solución es bien sencilla: sólo hay que cumplir la ley.

jamartin@leondigital.com.es


 

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