| Vigo-Madrid. Del 1 al 23 de septiembre de 2007 |
UNA VUELTA MÁS ABIERTA QUE NUNCA
Casi 200 ciclistas, más de 3.200 kilómetros, cuatro finales en alto, dos etapas contrarreloj... y todo ello con un único objetivo: vestir en Madrid con el jersey oro al hombre más fuerte de la Vuelta. Ese día, el día de la gran fiesta final, no llegará hasta el domingo 23 de septiembre. Pero antes de esa última jornada, son muchas las etapas de épica que esperan al pelotón en una carrera que se presenta más abierta que nunca.
La Vuelta tenía pendiente una deuda con Galicia. Durante 11 años no pisó esa tierra, aunque en 2006 ya hubo una primera incursión en las carreteras gallegas. Aquel reencuentro supo a poco y en 2007 la carrera toma la salida desde Vigo. Y lo hace con un etapa en línea que tiene su meta en la misma ciudad gallega. Será el gran día del ídolo local, Oscar Pereiro, pero también será un día muy importante para Karpin-Galicia, equipo nacido en 2007 y que se ha convertido en el trampolín perfecto para que todas las promesas gallegas tengan su oportunidad en el profesionalismo.
La Vuelta comienza su menú, por tanto, con tres etapas de aperitivo entre Galicia y Asturias, con finales en Vigo, Santiago de Compostela y Luarca. No habrá tiempo para más entrantes. Hay que empezar a seleccionar ese gran grupo de aspirantes al oro y ya en la cuarta etapa llegará el primer final en alto: Lagos de Covadonga, un puerto mítico en la historia moderna de la carrera y un plato que puede acabar provocando más de una indigestión a todos los que no hayan llegado a la salida de Vigo en un gran momento de forma. Sin olvidar que si el 'chuletón' de Lagos de Covadonga puede hacerse muy pesado a más de uno, la guarnición que lleva ese plato al día siguiente, con final en Reinosa, tampoco permitirá mucho reposo.
La ronda española comienza entonces una peregrinación hacia Zaragoza con paso por Logroño. Pero será en la capital de Aragón donde vuelva a vivirse un test serio. Será el comienzo de los platos más consistentes del menú de 2007: para empezar, una contrarreloj entre Cariñena y Zaragoza de más de 50 kilómetros. Luego seguiremos con una etapa de montaña entre Huesca y Cerler. Y para acabar la trilogía, otra etapa de montaña hasta la cima de Ordino (Andorra). Jornadas todas ellas en las que el abanico de favoritos quedará notablemente reducido.
La Vuelta se tomará un día de merecido descanso para volver a competir desde Oropesa del Mar. Comenzará la segunda semana, la semana de los finales inéditos, puesto que la carrera nunca antes había rendido tributo a Algemesí, Hellín, Torre Pacheco o Villacarrillo -localidades de Valencia-, Albacete, Murcia y Jaén, respectivamente. Lo mejor de la segunda semana, en la que se ha rebajado la dureza del menú, llegará el domingo, con un final en Granada que en 2006 ya demostró lo selectivo que puede llegar a ser. El Monachil y su posterior descenso camino de esa maravilla llamada Granada le provocó un corte de digestión a Valverde que resultó definitivo. Es de esperar, por tanto, que los aspirantes hayan tomado nota y que también lo haga el jersey oro. Será un día perfecto para el espectáculo.
La tercera semana también comienza con su descanso inicial antes dos etapas sin demasiados dolores de cabeza en Puertollano y Talavera de La Reina. El postre del menú será corto, pero consistente: etapa en Ávila, etapa en Abantos y una contrarreloj de sólo 20 kilómetros. Ninguna de las dos últimas etapas de montaña supera los 155 kilómetros, pero eso no restará ni un ápice al espectáculo, puesto que es un postre de sabor concentrado. Menos kilómetros, más intensidad. Así de fácil para los ciclistas que a esas alturas aún sueñen con desbancar al jersey oro. Camino de Ávila, en la cima de Abantos y en la contrarreloj de Collado Villalba llegarán las últimas oportunidades, puesto que la etapa final no es más que un paseo triunfal para que el vencedor sea coronado en Madrid.
Si el recorrido-menú de 2007 ya está analizado, en esta presentación faltan los comensales. Los hay que aspiran a estar sentados en la mesa durante toda la comida y aplicarse con igual fruición a todos los platos. Son los hombres que pelearán por la general: Carlos Sastre, Oscar Pereiro, Samuel Sánchez, Haimar Zubeldia, José Ángel Gómez Marchante... sin olvidar a extranjeros del nivel de Cadel Evans, Denis Menchov, Damiano Cunego o el tridente de Discovery Channel, es decir, Brajkovic, Danielson y Devolder.
Los hay que sólo piensan en determinados platos. Conscientes de que sus características les impiden luchar por todo el banquete, seleccionan y muy bien sus esfuerzos: en esa nómina destacan desde el triple campeón mundial Oscar Freire hasta el campeón olímpico Paolo Bettini, sin olvidar a Alessandro Petacchi, Erik Zabel o Tom Boonen. Y los hay que sólo tienen un objetivo: sorprender a los favoritos poniéndose a comer antes que nadie y haciéndolo muchas veces en solitario. Son los benditos aventureros, ciclistas imprescindibles para la carrera. Y, por supuesto, están los aficionados, que se agolpan en las carreteras para animar a la figura más importante del pelotón mundial, pero también al más modesto de todos los corredores inscritos. Porque ellos, los aficionados, también son los protagonistas de toda esta fiesta.
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